Los siete saberes necesarios de Morín como parte de una inclusión desde lo intelectual.


Es preciso enseñar a pensar orgánicamente como un pensamiento integral e integrador. El pensar orgánico consiste enun modo de ver la realidad en toda su dimensióncomprendiéndola como un entramado formado por muchos hilos conductores que conforma una trama, a veces compleja. Quien piensa orgánicamente tiende a ver las cosas, las personas, las instituciones e ideologías en su realidad integral y que no me quedo con algunos aspectos sino con todas las partes que lo conforma y que se interrelacionan conformando un todo, un órgano. Ve las partes en el todo. Ve las relaciones de las partes entre sí. No separa lo que en la vida y en la realidad está interrelacionado. No divide lo que vitalmente está unido.

Quien piensa orgánicamente posee una visión amplia de la realidad en forma abanical. El  pensar  orgánico es global, es relacional, es perspectivo y es, además, integral.

Jacques Maritain ya hablaba de la integración del saber cuándo expresa: “Distinguir sin separar para unir sin confundir”.

El pensamiento complejo es parte de nuestra teoría de inclusión multidimensional, orgánica e integral. En educación, además de la inclusión con aquel que es diferente, existen otros tipos de inclusiones que debemos considerar:

  • El hombre como un ser-en-sí, biosíquico espiritual.
  • El hombre como un ser-en-el-mundo: cultura y tecnología.
  • El hombre como un ser-en-el-tiempo: su historia personal y su vocación.
  • El hombre como un ser-con-sentido-existencial.

En lo que respeta a lo primero, ya desde lo cognitivo debemos considerar una inclusión desde la perspectiva compleja. Por parte del sujeto: inteligencias múltiples, inteligencia emocional, pensamiento situacionalpensamiento orgánico e integral y pensamiento complejo. Por parte del objeto, una realidad compleja y entramada.

  1. Pensamiento complejo.

La interpretación del mundo y de nuestra realidad circundante no es simplista, no se agota desde una perspectiva ideológica, política, científica, religiosa, cultural, entre otras. La misma es de interpretación complicada, entramada con componentes interrelacionados y complementarios que, a veces, es difícil de entender. Lo complejo hace referencia a una comprensión de la realidad y del mundo como entidad donde todo se encuentra entrelazado, como en un tejido compuesto de hilos formando una trama compleja: complexus, lo que está tejido junto.

El pensamiento complejo está  contra el aislamiento de los objetos de conocimiento fuera de su contexto, de la realidad en la cual está inserto y de la globalidad a la que pertenecen. Como dijimos en Educar para un pensamiento orgánico e integralcitando a Jacques Maritain: “Distinguir sin separar para unir sin confundir”.

Ahora bien, el Pensamiento Complejo de Morin, es un pensamiento que relaciona y complementa lo que de hecho está relacionado. Su objeto de estudio es el todo, lo orgánico, a través de sus efectos, defectos, dinamismo y estática, reconociendo la interrelación de las partes con el todo y viceversa, dentro de un entramado real. Nuestro objeto de estudio no es algo descarnado sino relacionado.

El pensamiento de lo complejo ha alcanzado el ámbito de las interacciones de los seres humanos: la educación, la realidad social, la política, y la comprensión actual en que vive la humanidad. El problema de la complejidad no abarca solamente en un modo de pensar sino que ha pasado a ser el problema de la vida, de lo existencial: la construcción del futuro y la búsqueda de soluciones a los problemas actuales. Cuando se habla de complejidad se trata de afrontar la dificultad de pensar y de vivir.

las perspectivas en la cual la misma está relacionada; por eso la estrategia de estudio debe ser de forma compleja, orgánica y global, ya que dividiéndola en partes para facilitar su estudio desligáPara la teoría del Pensamiento Complejo la realidad se comprende y se explica desde todasndola de su entorno, que es parte de esa realidad vinculada, se limita el campo del conocimiento.

Tanto la realidad como el pensamiento y el conocimiento son complejos y debido a esto, es preciso usar la complejidad para entender el mundo. Así pues, el estudio de un fenómeno se debe hacerse desde la perspectiva holística, refiriéndose a un estudio desde el todo superando toda visión de pensamiento reduccionista, mecanicista (ciencias) o partidario (político e ideológico) que solo tiene en cuenta las partes.

Con respecto a la educación, es el pensamiento apto para unir, contextualizar, globalizar e relacionar sin dejar de lado reconocer lo singular, individual y concreto. De este modo se pretende lograr una sociedad democrática y personas con capacidad de resolución de problemas. Ello requiere de una transformación en la enseñanza y propone la filosofía como medio innovador para enseñar a pensar. Pero desde mi experiencia más que aprender filosofía es saber pensar filosóficamente, que no es lo mismo. El Diálogo socrático para saber pensar de manera compleja y Análisis de casos morales para un pensar ético complejo.

Debemos educar a estudiantes pensantes, activos, reflexivos, competitivos, emprendedores para que no sean meros habitantes sino ciudadanos comprometidos con la sociedad. Enseñarles a ejercitar un pensamiento complejo y no dogmáticos, partidario, mecanicista capaces de ver más allá con perspectiva global, abanial y abiertos a cualquier posibilidad y a tener un pensamiento crítico y creativo desde lo complejo.

2. Daremos una síntesis sobre la obra “Los siete saberes necesarios de Morín

Capítulo I: Las cegueras del conocimiento: el error y la ilusión
Es muy reciente el hecho de que la educación, que es la que tiende a comunicar los conocimientos, permanezca ciega ante lo que es el conocimiento humano, sus disposiciones, sus imperfecciones, sus dificultades, sus tendencias tanto al error como a la ilusión, y no se preocupe en absoluto por hacer conocer lo que es conocer.
En efecto, el conocimiento no se puede considerar como una herramienta ready made que se puede utilizar sin examinar su naturaleza. El conocimiento del conocimiento debe aparecer como una necesidad primera que serviría de preparación para afrontar riesgos permanentes de error y de ilusión que no cesan de parasitar la mente humana. Se trata de armar cada mente en el combate vital para la lucidez.
Es necesario introducir y desarrollar en la educación el estudio de las características cerebrales, mentales y culturales del conocimiento humano, de sus procesos y modalidades, de las disposiciones tanto psíquicas como culturales que permiten arriesgar el error o la ilusión.

Capítulo II: Los principios de un conocimiento pertinente
Existe un problema capital, aún desconocido: la necesidad de promover un conocimiento capaz de abordar problemas globales y fundamentales para inscribir allí conocimientos parciales y locales.
La supremacía de un conocimiento fragmentado según las disciplinas impide, a menudo operar el vínculo entre las partes y las totalidades y, debe dar paso a un modo de conocimiento capaz de aprehender los objetos en sus contextos, sus complejidades y sus conjuntos.
Es necesario desarrollar la aptitud natural de la inteligencia humana para ubicar todas sus informaciones en un contexto y en un conjunto. Es necesario enseñar los métodos que permiten aprehender las relaciones mutuas y las influencias recíprocas entre las partes y el todo en un mundo complejo.

Capítulo III: Enseñar la condición humana
El ser humano es a la vez físico, biológico, psíquico, cultural, social e histórico. Es esta unidad compleja de la naturaleza humana la que está completamente desintegrada en la educación a través de las disciplinas y que imposibilita aprender lo que significa ser “humano”. Hay que restaurarla de tal manera que cada uno desde donde esté tome conocimiento y conciencia al mismo tiempo de su identidad compleja y de su identidad común a todos los demás humanos.
Así, la condición humana debería ser objeto esencial de cualquier educación.
Este capítulo indica como, a partir de las disciplinas actuales, es posible reconocer la unidad y la complejidad humanas reuniendo y organizando conocimientos dispersos en las ciencias de la naturaleza, en las ciencias humanas, la literatura y la filosofía y mostrar la unión indisoluble entre la unidad y la diversidad de todo lo que es humano.

Capítulo IV: Enseñar la identidad terrenal
En lo sucesivo, el destino planetario del género humano será otra realidad fundamental ignorada por la educación. El conocimiento de los desarrollos de la era planetaria que van a incrementarse en el siglo XXI, y el reconocimiento de la identidad terrenal que será cada vez más indispensable para cada uno y para todos, debe convertirse en uno de los mayores objetos de la educación.
Es pertinente enseñar la historia de la era planetaria que comienza con la comunicación de todos los continentes en el siglo XVI y mostrar cómo se volvieron intersolidarias todas las partes del mundo sin por ello ocultar las opresiones y dominaciones que han asolado a la humanidad y que aún no han desaparecido.
Habrá que señalar la complejidad de la crisis planetaria que enmarca el siglo XX mostrando que todos los humanos, confrontados desde ahora con los mismos problemas de vida y muerte, viven en una misma comunidad de destino.

Capítulo V: Enfrentar las incertidumbres
Las ciencias nos han hecho adquirir muchas certezas, pero de la misma manera nos han revelado, en el siglo XX, innumerables campos de incertidumbre. La educación debería comprender la enseñanza de las incertidumbres que han aparecido en las ciencias físicas (microfísica, termodinámica, cosmología), en las ciencias de la evolución biológica y en las ciencias históricas.
Se tendrían que enseñar principios de estrategia que permitan afrontar los riesgos, lo inesperado, lo incierto, y modificar su desarrollo en virtud de las informaciones adquiridas en el camino. Es necesario aprender a navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certeza.
La fórmula del poeta griego Eurípides que data de hace 25 siglos está ahora más actual que nunca. «Lo esperado no se cumple y para lo inesperado un dios abre la puerta». El abandono de los conceptos deterministas de la historia humana que creían poder predecir nuestro futuro, el examen de los grandes acontecimientos y accidentes de nuestro siglo que fueron todos inesperados, el carácter en adelante desconocido de la aventura humana, deben incitarnos a preparar nuestras mentes para esperar lo inesperado y poder afrontarlo. Es imperativo que todos aquellos que tienen la carga de la educación estén a la vanguardia con la incertidumbre de nuestros tiempos.

Capítulo VI: Enseñar la comprensión
La comprensión es al mismo tiempo medio y fin de la comunicación humana. Ahora bien, la educación para la comprensión está ausente de nuestras enseñanzas. El planeta necesita comprensiones mutuas en todos los sentidos. Teniendo en cuenta la importancia de la educación para la comprensión en todos los niveles educativos y en todas las edades, el desarrollo de la comprensión necesita una reforma de las mentalidades. Tal debe ser la tarea para la educación del futuro.
La comprensión mutua entre humanos, tanto próximos como extraños es en adelante vital para que las relaciones humanas salgan de su estado bárbaro de incomprensión.
De allí, la necesidad de estudiar la incomprensión desde sus raíces, sus modalidades y sus efectos. Este estudio sería tanto más importante cuanto que se centraría, no sólo en los síntomas, sino en las causas de los racismos, las xenofobias y los desprecios. Constituiría, al mismo tiempo, una de las bases más seguras para la educación por la paz, a la cual estamos ligados por esencia y vocación.

Capítulo VII: La ética del género humano
La educación debe conducir a una «antropo-ética», considerando el carácter ternario de la condición humana, que es el de individuo sociedad especie. En este sentido, la ética individuo/especie necesita un control mutuo de la sociedad por el individuo y del individuo por la sociedad, es decir la democracia; la ética individuo especie convoca a la ciudadanía terrestre en el siglo XXI.
La ética no se podría enseñar con lecciones de moral. Ella debe formarse en las mentes a partir de la conciencia de que el humano es al mismo tiempo individuo, parte de una sociedad, parte de una especie. Llevamos en cada uno de nosotros esta triple realidad. De igual manera, todo desarrollo verdaderamente humano debe comprender el desarrollo conjunto de las autonomías individuales, de las participaciones comunitarias y la conciencia de pertenecer a la especie humana.
De allí, se esbozan las dos grandes finalidades ético-políticas del nuevo milenio: establecer una relación de control mutuo entre la sociedad y los individuos por medio de la democracia y concebir la Humanidad como comunidad planetaria. La educación debe no sólo contribuir a una toma de conciencia de nuestra Tierra-Patria, sino también permitir que esta conciencia se traduzca en la voluntad de realizar la ciudadanía terrenal.

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Acerca de Lic AUS Jorge Luis Prioretti

Licenciado en Organizaciones sociales y culturales - USAL. Analista universitario en sistemas - UTN. Profesor Sup. Filosofía y Cs. Educación.
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