Burnout: síndrome de desgaste profesional.


Se caracteriza por extremo agotamiento físico y mental, bajo rendimiento laboral y pérdida de interés hacia el trabajo; su nombre en inglés hace referencia a la expresión utilizada por los primeros pacientes atendidos, luego de que se les preguntaba cómo se sentían: “fundidos” o “quemados”, respondían invariablemente.

Las estadísticas han permitido confirmar que este problema es más frecuente en personas cuya profesión se basa en el trato directo con gente: como los docentes, ya que deben involucrarse en problemas y preocupaciones de otros y enfrentarse a hechos sociales dolorosos, como pobreza, violencia, etc.

Los pacientes con síndrome de desgaste profesional son muy exigentes, con baja autoestima o dificultad para manifestar sus emociones, y paulatinamente notan que “algo” les desagrada en su trabajo. De entrada consideran que su malestar se debe a inconformidad en la organización de su grupo laboral o a que se sienten cansados, por lo que toman algunos días de vacaciones; sin embargo, al reincorporarse notan que todo sigue igual, experimentan frustración y en 5% a 10% de los casos llegan al grado de sentir desgaste permanente y severo que puede ocasionar incapacidad de por vida para volver a desempeñar las actividades que venían realizando.

Los síntomas que se observan con mayor frecuencia son:

  • Falta de realización personal. La víctima de este síndrome evalúa su trabajo en forma negativa y afirma que sus actividades no le satisfacen.
  • Agotamiento. El cansancio mental y emocional genera pérdida de vitalidad, mala concentración, descuido de las responsabilidades y escasa disposición por ayudar a otros.
  • Deshumanización. Muy ligado a agotamiento, se refiere a actitudes insensibles y cínicas en quienes deben brindar servicios de atención o ayuda.
  • Manifestaciones físicas. Como en otros estados de estrés, se presentan cansancio, malestar general, dolor de cabeza, cuello y espalda, insomnio y alteraciones gastrointestinales y del ritmo cardiaco (taquicardias).
  • Problemas de conducta. Se presenta baja autoestima acompañada de actividades evasivas, como aumento en el consumo de café, tabaco, alcohol, etc. También es habitual el ausentismo laboral, bajo rendimiento, distanciamiento afectivo y conflictos con compañeros de trabajo.
  • Peleas familiares. Nerviosismo, inquietud, dificultad para la concentración, sentimiento de persecución y baja tolerancia a la frustración redundan en mala relación con los seres queridos.

Este síndrome se ve favorecido en ambientes laborales tensos, con poca motivación, competencia desleal e infraestructura deficiente, así como en centros en los que el esfuerzo individual tiene acción limitada ante hechos como pobreza, violencia, frustración, etc., lo que da lugar a sensación de inutilidad y hostilidad entre el grupo de docentes.

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Acerca de Lic AUS Jorge Luis Prioretti

Licenciado en Organizaciones sociales y culturales - USAL. Analista universitario en sistemas - UTN. Profesor Sup. Filosofía y Cs. Educación.
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