Inclusión intrapersonal. El Joven como ser psicofísico espiritual. Reflexión


El Joven como ser psicofísico

El primer tipo de inclusión es de la misma persona, mirada desde una perspectiva global e integral. La educación actual no tiene en cuenta al joven total: mental, volitiva y afectiva; psíquica, corporal y espiritualmente hablando en una unidad inclusiva.
Para ello, me voy a basar con algunos lineamientos de Ítalo Gastaldi y aportes personales.

Comenzar a desarrollar una perspectiva integral del joven nos sirve para llegar a comprender como debe ser el proceso de enseñanza y aprendizaje de nuestras escuelas. Si no partimos de una adecuada VISION ANTROPOLÓGICA no acertaremos en el modo adecuado de pensar la enseñanza inclusiva y, por tanto, de organizarla, de conducirla, de gestionarla, de planificar adecuadamente las estrategias de conducción.
En este comentario tengo la finalidad de demostrar, en primer lugar, que la persona (y por lo tanto el niño y el adolescente) es un ser psicofísico espiritual conformando un solo ser-en-sí. ¿Para qué nos sirve esto? Esto sirve para tomar conciencia que la educación tradicional que en algún aspecto está en boga apunta a lo cognoscitivo y no la persona total. Se enseña a mentes o, por lo menos, hace hincapié en esto.

1. Testimonio de la conciencia.
Sin embargo, tenemos una certeza experimental inmediata de que nadie acepta “de hecho” que el nosotros, de carne y hueso, no sea realmente él, como privado de humanidad y que lleva encerrado dentro un espíritu (como un hardware con su software instalado).
Sino que poseemos una unión más integral entre estas dos realidades, es decir, nos percibimos espontáneamente como un yo corporal, sujeto único de todas sus actividades cognoscitivas y corporales.
Si cada uno puede decir: “Yo amo, yo estudio, yo entiendo”… con la misma verdad puede afirmar: “yo camino, yo como, yo oigo, yo corro”. Son funciones distintas, unas espirituales y otras corpóreas; sin embargo las atribuyo al mismo y único yo, intrínsecamente.
Cuando me quemo un dedo digo: “Yo me quemo”. Jamás se me ocurre decir: “Tengo una mano en la cual existe un dolor”.
Y esto es porque todos nuestros actos están orgánicamente fusionados en un única realidad, a la vez sicológico y fisiológico.
Cuando nos enojamos, por ejemplo, no es exclusivamente nuestra tensión corporal, nuestro enrojecimiento agregando el movimiento de la adrenalina o de la sangre, o ni solamente el deseo de venganza por la injusticia cometida, sino ambas cosas, en un persona irreductible.
Cuando estudiamos siempre va acompañado de imágenes, y estás tienen un sustrato orgánico. Además, el malestar corporal, la cefalea influye sobre nuestra actividad intelectual.

2. Conclusión Antropológicas
a. Es innegable que existe en el hombre única actividad humana, que es “unitariamente sico-orgánica en todo, absolutamente en todos sus actos”. X. Zubiri, define al hombre como “inteligencia sentiente”, ya que el hombre se manifiesta intelectivo y sensitivo al mismo tiempo, unitaria y totalmente.
La persona no “tiene” psique y cuerpo, sino que “es” sico-orgánico. Toda acción humana se trata del influjo de un estado sico-orgánico sobre otro estado sico-orgánico, de origen a veces “endógeno” y otras “exógeno”.
Ahora bien, si hay una sola actividad humana, hay un solo ser humano, porque el obrar es una manifestación, una expresión del ser.
b. Es evidente que no “tengo” cuerpo y alma, como quien tiene un reloj o una camisa, sino que soy realmente somático y síquico. Porque mi “yo” es un yo “corporizado”.
No es la mano la que toma los objetos: yo tomo. No es el ojo el que ve: yo veo. No es el cuerpo el que siente: yo siento. En la palabra, en la mirada, en la acción, estoy presente yo, personalmente, en carne y hueso.

3. Hacia una interpretación integral del hombre – Autopresencia y autodeterminación del hombre
La realidad de la existencia de nuestro cuerpo es innegable. El cuerpo, para existir y vivir, exige el alma, y el alma, para ejercer sus funciones, exige el cuerpo, tiene que “in-corporarse”.
Al alma no la percibimos directamente, sino como “principio de acción”, como fuente de nuestras actividades superiores, mediante una reflexión.
a. Esto no se observa en la materia inerte, la cual no tiene centro alguno: obra “hacia afuera”, produce un efecto en “lo otro”.
b. El viviente, en cambio, ya está referido a sí mismo: su obrar es “hacia adentro” (acción inmanente), es decir, su efecto lo produce en sí mismo.
Pero hay en los vivientes diversos niveles:
• Ya en las plantas las partes integrantes están al servicio del todo. Ya hay cierta con-centración.
• En los animales se da una mayor concentración y almacenamiento de impresiones. A esto se denomina “acción inmanente”: una acción que parte del sujeto y permanece en él, perfeccionándolo.
• En el HOMBRE se llega a la reflexión, a la autoconciencia: es un ser que “está consigo”, goza de autopresencia y autodeterminación del propio obrar.
El nivel superior integra los inferiores, que dejan de ser autónomos, sin por eso identificarse con el nivel humano.
Este último nivel es, precisamente, el YO, el centro consciente coordinador de la actividad de los otros niveles. En él residen los valores artísticos, éticos y religiosos que llamamos “espirituales” y que son objeto de intuición más que de razonamiento.
Notemos que el hecho de estar “en sí” y “para sí’ no convierte el espíritu en una conciencia cerrada (a lo Descartes). La persona es el único ser de la creación que está abierto conscientemente a los demás seres y especialmente a las demás personas. Somos “autopresencia en la presencia del otro”.

La enseñanza debe tener en cuenta estos principios descritos:
• El hombre es única bio-siquica espiritual: cuerpo-sentido y espiritual.
• Ser autopresente (reflexivo) y autodeterminante (libre).
• El Joven es Persona sujeto de derechos, respeto y dignidad independientemente de su raza, creencias, condición social, etc. Esto último, son accidentes o características individuantes en la vida del joven pero no es lo esencial.

Conclusiones
De toda esta reflexión, quizás algo ameno y a la vez tedioso, que podría ser más extensa o concisa. Quizás menos filosófica, aunque mi interés fue la fundamentación antropológica (por lo menos en esta primera parte) para obtener las siguientes conclusiones:
a. La educación del joven no es solamente ser-inteligente donde la enseñanza conceptual es lo más importante. Las planificaciones, las actividades en el aula, la evaluación, etc.; no deben tener en cuenta este solo aspecto como sostiene la escuela tradicional. Es cierto, que desde Piaget (por así decir) muchas cosas han cambiado y en mi caso personal he conocido muy pocos casos de clases tradicionales en mis 20 años de educación. Pero resabios de este tipo de enseñanza lo seguimos manteniendo. Este tipo de enseñanza responde a una visión errónea del joven que es la dualista.
b. Se ha hecho avances en considerar contenidos, además de los conceptuales, como los procedimentales y los actitudinales en las asignaturas. Los contenidos procedimentales reflejan una mejor visión en la unidad cuerpo-mente y los actitudinales lo veremos más adelante. Sin embargo, adelanto que los contenidos los actitudinales los relaciono a de la tendencia de la voluntad hacia el bien que cuando estos son significativos para la persona se convierten en valores y predisponen a una actitud en el aprendizaje.

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Acerca de Lic AUS Jorge Luis Prioretti

Licenciado en Organizaciones sociales y culturales - USAL. Analista universitario en sistemas - UTN. Profesor Sup. Filosofía y Cs. Educación.
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