Las cuatro bases que sostienen la estructura de una educación futura: Saber ser, aprender, a hacer y con-vivir. (2º parte)


3. Saber aprender

Lo enfocamos desde dos perspectivas:

 3.1. Saber aprender permanente.
Hoy en día lo que una persona aprende en su vida escolar no le va a servir para su vida profesional, deberá actualizar sus conocimientos permanentemente y aprendiendo nuevas cosas. Desde esta perspectiva, los conocimientos se van haciendo obsoletos rápidamente y la renovación de los mismos debe actualizarse rápidamente. Nuestra realidad educativa es un sistema educativo que ofrece un período de formación sin vinculación con el trabajo, seguido de otro lapso extenso de desempeño profesional sin volver a la educación. Tenemos que pensar en sistemas educativos que permitan aprender a lo largo de toda la vida. Esto quiere decir que debemos enseñar a aprender más que enseñar contenidos, y no se niega que son importantes.
La institucionalidad escolar debe estar preparada para este reciclaje permanente. Es decir, sus contenidos, métodos y prácticas pedagógicas no pueden estar basados en la idea de dar información sino de enseñar a aprender.

3.2. Saber conocerse.
Como persona única percibir mi interioridad como un “yo”, fuente de mis actividades y responsable de mis opciones libres.
Nos referimos a la interioridad en cuando somos capaces de pensar y obrar conscientemente y de decidir de forma libre: autoconciencia y autodeterminación.
El joven como persona se convierte en algo más que un individuo, cada persona es igual a sí mismo.
El hecho de la libertad, es otro elemento, además de la interioridad, que fundamenta esta realidad, nos convirte en dueño de nuestra propia existencia y de poder moldearla, configurándola y diferenciándola de los demás. “Yo soy yo y mis circunstancias”, escribía Ortega y Gasset en 1914.

4. Saber hacer con emprendimiento.
Entendemos aprender a hacer como una competencia que capacite al joven para hacer frente a situaciones en un entorno laboral y a saber trabajar en equipo. Pero, también, aprender a hacer ante distintas experiencias sociales o de trabajo que se les presentará como oportunidades en su futuro laboral y profesional.
No solo es vincular al joven a la cuestión de la forma profesional, es decir, de cómo enseñar al estudiante a poner en práctica sus conocimientos y, al mismo tiempo, como adaptar la enseñanza al futuro mercado del trabajo. Sino de como insertarse en el ámbito profesional y laboral con pensamiento y actitud emprendedora.
Los aprendizajes deben, así pues, evolucionar y ya no pueden considerarse mera transmisión de prácticas más o menos rutinarias, aunque estos conserven un valor formativo que no debemos desvalorizar sino que debe ir más allá, forjar un pensamiento para el emprendimiento, la actitud de emprendedor.
El colegio no solo debe educar al joven en un saber aprender y saber hacer como tal, falta una tercera dimensión que actualmente no se tiene en cuenta: “Pensar con actitud de emprendimiento”.
Todos podemos aprender conocimientos, algunos mejor que otros, más que otros, etc. Luego, podemos aprender a aplicar esos conocimientos en la realización de algo. Pero, falta un paso, la actitud de emprendimiento.
Si en el colegio aprendí muchas cosas y hacer mejor otras, como puede ser que al egresar no pueda insertarme laboralmente. Dependo de que un negocio, empresa o institución que me de una oportunidad. Vos mismo sos tu oportunidad. Esta actitud es importante para la educación futura. Y no se trata de iniciativas o emprendimientos de negocios. Sino que es válido:

  • para un profesional.
  • para un deportista.
  • para crear una Institución, una Asociación benéfica, cooperativa, etc.
  • como artista.
  • para afrontar los problemas cotidianos de nuestra vida.

La voluntad, el miedo al fracaso, la desconfianza en si mismo, enfrentarse a dificultades, etc., son obstáculos que se pueden suprimir o hacerlos más amables con la actitud emprendedora. Y esta se debe aprender desde el colegio.

Pero, ¿qué es la actitud emprendedora?
Es no aceptar tu estado, el status quo. Es una actitud de querer cambiar las cosas. Es tener un espíritu de iniciativa. Es una manera de ver el mundo. Es una manera de no quedarse en la queja fácil, de no consigo trabajo de que muchas cosas son injustas, de que nadie me da una oportunidad. Es preguntarse ¿cómo podría ser mejor? Es la voluntad de construir tu propio proyecto. Es el espíritu del niño que nunca quiso renunciar a que sus sueños se pudieran hacer realidad.

Dibujo

 

Acerca de Lic AUS Jorge Luis Prioretti

Licenciado en Organizaciones sociales y culturales - USAL. Analista universitario en sistemas - UTN. Profesor Sup. Filosofía y Cs. Educación.
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2 respuestas a Las cuatro bases que sostienen la estructura de una educación futura: Saber ser, aprender, a hacer y con-vivir. (2º parte)

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