El Bulling como abuso de poder entre iguales. (2° parte)


1.    Fundamentos conceptuales

El noruego Dan Olweus es uno de los primeros en estudiar el fenómeno de la victimización en el entorno escolar que denominó Bullying. Lo define como una conducta de persecución física y/o psicológica que realiza un/a alumno/a contra otro/a, al que elige como víctima de repetidos ataques. Esta acción, negativa e intencionada, sitúa a la víctima en una posición de la que difícilmente puede salir por sus propios medios. La continuidad de estas relaciones provoca en las víctimas efectos claramente negativos: descenso de la autoestima, estados de ansiedad e incluso cuadros depresivos, lo que dificulta su integración en el medio escolar y el desarrollo normal de los aprendizajes (Olweus, 1983).

Según Aviles, 2006 (Citado en Cabezas & Monge, 2007) la palabra «bullying» proviene del inglés «bully» que significa matón o bravucón, y se relaciona con conductas que están ligadas a la intimidación, la tiranización, el aislamiento, la amenaza y los insultos, entre otros. Mientras que «to bully», significa intimidar con gritos y amenazas y maltratar a los débiles (Citado en Oliveros et al. 2008).

El bullying es una forma de maltrato, normalmente intencionado, perjudicial y persistente de un estudiante o grupo de estudiantes, hacia otro compañero, generalmente más débil, al que convierte en su víctima habitual, sin que medie provocación y, lo que quizá le imprime el carácter más dramático, la incapacidad de la víctima para salir de esa situación, acrecentando la sensación de indefensión y aislamiento (Cerezo, 2009).

Indudablemente no podemos decir que exista una única definición de lo que es el «bullying». No obstante, hay cierto consenso sobre algunos elementos que son en general considerados en las definiciones:

  1. Intimidación física, verbal o psicológica con la intención de causar temor, angustia o daño a la víctima.
  2. Desequilibrio de poder, donde hay un(a) niño(a) con mayor poder sobre otro(a) de menor poder.
  3. Ausencia de provocación por parte de la víctima.
  4. Incidentes sistemáticos entre los mismos menores durante un período prolongado de tiempo.

A estos criterios Merino (2008) agrega en relación a la víctima:

  1. Que se sienta excluida.
  2. Que perciba al agresor como más fuerte.
  3. Que las agresiones vayan aumentando en intensidad.
  4. Que preferentemente tengan lugar en el ámbito privado.

Ahora bien, ha de considerarse que la violencia cobra con frecuencia modalidades que dificultan identificarla como tal, pues se ejerce en formas sutiles o se ha naturalizado a través de su cotidianidad. Esta dificultad se observa tanto en quienes la padecen como en quienes están presentes en el ejercicio de ésta, además de que también aparece en las personas que la ejercen, lo que se traduce en una ceguera que limita la posibilidad de cuantificar la verdadera magnitud de este fenómeno y la relación que guarda con distintos tipos de malestares y problemas físicos, sociales y psicológicos que sufre el estudiantado (Mingo, 2010).

Como muy bien nos dice Mingo (2010) también contribuye a esta ceguera el que en algunos casos las lastimaduras que dejan las experiencias que envuelven la violencia sobrepasan la capacidad de reconocerlas como parte de la historia personal, por lo que la negación y el silencio se imponen como la mejor forma de lidiar con lo ocurrido. Ha de considerarse que la humillación, el susto, el dolor, la rabia, la parálisis, la vergüenza o cualquier otra vivencia que va de la mano de un golpe, de un insulto, de un grito, de un tocamiento forzado, de una mirada que ofende, o de un gesto que disminuye a quien lo recibe, dejan de una u otra forma su registro en el cuerpo, en nuestra psiquis, en ese territorio que contiene la escritura minuciosa de nuestra historia y cuyas formas de reacción son muy diversas y adquieren singularidad en cada persona.

  1. Categorías de Bullying.

En cuanto a las formas de maltrato, éstas pueden agruparse en diversas categorías que se van acomodando de acuerdo a la pregunta que el investigador desea responder. Existen por ejemplo: maltrato físico, maltrato verbal, exclusión social, maltrato psicológico, amenazas y maltrato grupal.

  1. El maltrato físico se refiere al acto de atentar contra la integridad física de la víctima y puede ser directa cuando se propinan golpes, patadas, puñetazos al agredido entre otros; e indirecta, cuando la maltrato va dirigida a las pertenencias de la víctima (Papalia, 2001),robos o destrucción de sus pertenencias.
  2. El maltrato verbal es el tipo de maltrato expresada a través de la palabra. Supone la utilización de insultos, apodos, gritos y burlas crueles acerca de su indumentaria, aspecto físico, origen étnico o anomalías visibles y hacer notar de forma constante un defecto físico o de acción. La maltrato verbal indirecta se refiere a hablar mal de alguien y difundir rumores falsos (Gálvez-Sobral y Castellanos, 2010), lo que llamamos difamación, ironización, etc.
  3. Se entiende por exclusión social aquellos actos que pretenden aislar a un individuo del resto del grupo colocándolo en un estatus inferior. Existen dos tipos de exclusión: directa e indirecta. La exclusión directa se refiere a excluir y no dejar participar a alguien en una actividad y la indirecta implica ignorar y menospreciar a alguien (Ibid, 2010), despreciar o desvalorarlo como persona.
  4. La maltrato grupal supone la realización de acciones de un grupo dirigidas a agredir de diferentes maneras a una víctima (Ibid, 2010).
  5. Por maltrato psicológico, Papalia (2001) argumenta que son las acciones encaminadas a disminuir la autoestima del individuo y fomentar el temor y la sensación de inseguridad.

Constituyen como amenaza aquellas acciones que generan en la víctima temor de obtener algún daño y por lo tanto, reduce la capacidad de defensa y seguridad. Amenazar a una persona es un tipo de maltrato psicológica por la angustia que esto produce (Prieto y Carrillo, 2009).

Podemos decir además, basados en algunos estudios realizados que:

  1. El maltrato entre iguales es un fenómeno general que se produce en todos los países donde se ha estudiado.
  2. Los datos de incidencia no son homogéneos, ya que tanto las muestras como los procedimientos de recogida de datos, así como los diseños y los análisis estadísticos son diferentes según los países.
  3. Aparecen una serie de tendencias por lo que se refiere al género, curso escolar o edad, el tipo de abuso más frecuente y el lugar donde se producen.
  4. Por lo que se refiere al género:
  • Los chicos tienen mayor participación tanto en el papel de agresor como en el de víctima.
  • Las formas más usuales de abuso perpetrado por los chicos son las formas directas (pegar, amenazar, insultar…) mientras las chicas utilizan en mayor medida las formas indirectas (hablar mal de alguien, difundir rumores, excluir…).
  1. En cuanto a la edad, el momento de mayor incidencia de conductas de bullying se sitúa entre los 11 y los 14 años, a partir de ahí va disminuyendo progresivamente a medida que aumenta la edad.
  2. En cuanto al tipo de abuso más frecuente, en primer lugar se sitúa el maltrato verbal (insultos, motes…) seguido por el físico (peleas, golpes…) y en tercer lugar el maltrato por aislamiento social (ignorar, rechazar, no dejar participar…). Los casos de amenazas con armas y acoso sexual son muy escasos en todos los estudios.
  3. Los lugares donde se dan estas agresiones varían según el nivel: en Primaria el lugar más frecuente es el patio, en Secundaria se diversifican, aumentando la frecuencia en pasillos y aulas.
  1. Agresividad, violencia y bullying.

Christian Berger afirma que es común calificar cualquier situación de violencia y/o agresión como bullying. Resulta importante entonces realizar ciertas distinciones conceptuales, especialmente entre agresión, violencia, y bullying.

La agresividad es considerada una conducta común a las especies animales, y entre ellos los humanos. Estudios etológicos muestran que la agresividad surge cuando el individuo siente que su supervivencia está amenazada, y por lo tanto actúa para asegurar su vida de manera defensiva (Arón, 2008). Esto es fácilmente observable en los animales, pero calificar conductas de estudiantes como de supervivencia es difícil. Aquí es importante considerar los aportes de la psicología del desarrollo, y especialmente aquellos elementos que resultan centrales en las distintas etapas del ciclo vital. El énfasis y la importancia de las relaciones de pares y de la integración y aceptación social son desafíos crecientes en la experiencia escolar (Ojanen, Grönroos & Salmivalli, 2005). En este sentido, el sentirse parte de un grupo, validado, respetado, y con vínculos de intimidad seguros y estables, pueden ser considerados como temas de supervivencia para los niños y adolescentes. Así, ciertas conductas agresivas de un adolescente pueden ser comprendidas desde el marco de la inseguridad, poniendo el foco de esta experiencia en el sí mismo y no necesariamente en otro, al cual circunstancialmente se agrede (Hawley, Little & Rodkin, 2007).

La violencia en cambio responde a otra perspectiva. La violencia supone la intencionalidad de hacer daño a otro, y por ende el foco de la conducta violenta no está en la sensación de inseguridad, sino en quién es aquel contra quien se ejerce la violencia. En otras palabras, más que la protección del sí mismo, el foco está en la definición de la relación entre ambos. Desde esta perspectiva, por ejemplo, se plantea que la violencia es utilizada como una forma de establecer jerarquías sociales, y de definir la posición de cada uno en el grupo (García & Madriaza, 2005; Nishina, 2004).

Finalmente, el abuso implica la imposición de uno o más individuos sobre otro u otros en base al poder, en donde se establece una relación de asimetría. Como su nombre lo indica, en el abuso no puede haber equilibrio entre ambas partes, ya que una tiene y ejerce poder sobre la otra, independientemente de la forma en que este poder se exprese (físico, social, emocional, psicológico). Esto es de suma importancia, pues en muchas ocasiones los adultos se enfrentan a situaciones de violencia escolar como si éstas fueran un conflicto mal resuelto, y consecuentemente potencian estrategias de resolución tales como la mediación. Sin embargo, frente a casos de abuso la mediación no tiene sentido y puede incluso ser contraproducente, ya que en estos casos no hay conflicto, sino más bien una parte imponiendo su fuerza sobre la otra, que participa pasivamente de la situación.

El bullying como fenómeno se define como una relación de abuso entre pares. Las principales definiciones de bullying implican a lo menos la presencia de cuatro elementos para calificarlo como tal:

  1. que se da entre pares;
  2. que implica una situación de desequilibrio de poder;
  3. que es sostenido en el tiempo y por tanto constituye una relación—no una situación aislada—de abuso; y
  4. que la víctima o víctimas no tienen posibilidades de salirse de esta situación.
  1. El bullying como una cuestión de poder

Jordi Collel y Carme Escudé (2002) en La violència entre iguals a l´escola: el Bullying, Àmbits de Psicopedagogía nos dice que para la mayoría de autores, el Bullying es una cuestión de poder. Davis y Davis, citan a Ross (1996) que expresa: “la intimidación es una forma de interacción social -no necesariamente duradera- en la que un individuo más dominante (el agresor) exhibe un comportamiento agresivo que pretende, y de hecho logra, causar angustia en un individuo menos dominante (la víctima). El comportamiento agresivo puede tomar la forma de un ataque físico y/o verbal directo o indirecto. En la maltrato pueden participar más de un agresor y más de una víctima” (2008, pág.11).
Desde esta perspectiva el bullying estaría asociado a la existencia de grupos con diferencias en términos de poder y estatus, principalmente basadas en antecedentes históricos y culturales (raza, género, nivel socio. económico, minorías en general). Como dijimos anteriormente, el abuso implica la imposición de uno o más individuos sobre otro u otros en base al poder, en donde se establece una relación de asimetría.

Al revisar la literatura de Dan Olweus, autor que identificó el fenómeno y creó el término, se encuentra que él propone dar la definición de Bullying a los estudiantes antes de responder su cuestionario de la siguiente forma:
“Aquí hay algunas preguntas acerca de ser víctima de Bullying de manos de otros estudiantes. Primero definiremos o explicaremos el término Bullying. Diremos que un estudiante es víctima de Bullying cuando otro estudiante o varios estudiantes suelen…

  1. Decirle cosas desagradables e hirientes o hacen burla de él/ella o le llaman por apodos desagradables e hirientes (Insultos);
  2. Ignorarle o excluirle completamente de su grupo de amigos o dejarle afuera de situaciones a propósito;
  3. Pegarle, patearle, empujarle o encerrarle en algún lugar; mentirle o levantar rumores falsos de él/ella o enviarle notas desagradables y tratar de hacerle desagradable a los demás estudiantes;
  4. y otras cosas hirientes parecidas a éstas.

Al hablar de ser víctima de Bullying, estas situaciones pasan repetidamente y es difícil para la víctima de Bullying poder defenderse por sí solo. También se le llama Bullying cuando un alumno es molestado constantemente en formas desagradables e hirientes.
Pero no se le llama Bullying cuando se molesta en una forma amigable y juguetona. Tampoco es Bullying cuando dos estudiantes de más o menos la misma fuerza o poder discuten o pelean” (2001, pág. 4).

 Desde una perspectiva más clínica, es decir, desde la forma de diagnosticar o encontrar la existencia de víctimas de Bullying, Oñate y Piñuel (2005) explican que el criterio de diagnóstico más comúnmente usado por los investigadores europeos es el que se describe:

  1. la existencia de una o más de las conductas de hostigamiento internacionalmente reconocidas como tales;
  2. la repetición de la conducta que ha de ser evaluada por quien la padece como no meramente incidental, sino como algo que le espera sistemáticamente en el entorno escolar, en relación con aquellos que le acosan;
  3. la duración en el tiempo, con el establecimiento de un proceso que va a ir minando la resistencia del niño, afectando todos los aspectos de su vida (académico, afectivo, emocional y familiar).

Por su parte, Avilés (2002) se refiere al Bullying desde la perspectiva de los agredidos. Comenta que se pueden ver indicios cuando un alumno se rehúsa a asistir a su centro educativo sin razones aparentes. Se refiere también al adolescente que se le ha adjudicado un papel por un grupo dominante de agresores y por ende, sufre sistemáticamente de burlas, insultos, humillaciones y se le ha puesto en ridículo delante de todos sus compañeros, que a su vez comparten la situación de forma implícita. Asimismo, se refiere a estudiantes víctimas de chantajes económicos por un grupo de compañeros bajo amenazas de peores males. También relaciona con Bullying, las situaciones de agrupación tácita para hacerle “la ley del hielo” y aislar a un compañero. De igual forma, las conductas repetidas de insultos, agresiones físicas recurrentes, humillación pública, tareas forzadas y rechazos explícitos a los que son sometidos alumnos, a manos de uno o varios compañeros de quien no pueden defenderse por sus propios medios.

aranzazu5.blogspot.com

Imagen: aranzazu5.blogspot.com

 

Acerca de Lic AUS Jorge Luis Prioretti

Licenciado en Organizaciones sociales y culturales - USAL. Analista universitario en sistemas - UTN. Profesor Sup. Filosofía y Cs. Educación.
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