Justicia educativa: la igualdad de oportunidades, ¿es un mito?


Dubet es considerado en Francia y Argentina -según indican algunos investigadores educativos- como el autor que ha desplazado a Bourdieu como referencia obligada para la investigación en sociología educativa.

El libro En la escuela. Sociología de la experiencia escolar, de Dubet y Martuccelli, abre con la pregunta ¿Qué fabrica la escuela? Con la palabra fabricar, los autores nos ubican en el mundo del trabajo y de la economía y, desde un inicio, en el polo de la producción, en lugar de la reproducción.
Su propuesta es de una sociología de la educación que retoma un problema central: la relación entre socialización e individuación, de actores sociales y de sujetos, de integración social y de autonomía del individuo.
En este contexto construyen su tema central: la socialización e individuación en el sistema escolar, hoy en día, en cada una de las etapas del sistema.

En la escuela primaria, la experiencia se define como fuertemente estructurada por una preocupación, institucional e individual, de integración. Predominan la autoridad del maestro y el deseo de los alumnos de identificarse con él y con el grupo de pares. Esto arrastra una fuerte correspondencia entre la objetividad de las reglas escolares y la subjetividad de los alumnos. En la enseñanza elemental, la socialización prima sobre la subjetivación que no emerge, más que de manera puntual, bajo la forma de “rechazo”. El deseo de integración motiva tan fuertemente esta experiencia que la subjetivación no emerge dolorosamente sino en la “desviación” en relación con los modelos del grupo. Los autores interpretan que ello significa que la escuela primaria está todavía bajo la impronta de los roles, que es una institución en el sentido clásico del término, como lo demuestra también la experiencia de los maestros.

La secundaria, se caracteriza como el revés de la escuela elemental. Hay un triple estallido: a) la entrada a un universo normativo complejo, donde la autoridad no basta para fundar la legitimidad de las normas, b) los estudios pierden sus evidencias “naturales”, porque el sentido del estudio y del trabajo no valen por sí solos, y las calificaciones escolares comienzan a determinar el futuro social y c) en el colegio se consolida una cultura adolescente, opuesta o paralela a la cultura escolar. Los alumnos construyen un “rostro”, que es interpretado como moratoria defensiva de una subjetividad demasiado frágil para ser afirmada; en un solo movimiento los adolescentes tratan de hacer lo que los demás para intentar ser uno mismo. La subjetividad de los colegiales nunca se expresa de manera directa; es siempre mediatizada por los juegos del rostro que apuntan simultáneamente a una “apertura” hacia el exterior y una “protección” de la intimidad. La separación entre socialización y subjetivación es tal que el colegio es vivido como el espacio de un puro conflicto entre profesores y alumnos. Los “rostros” de bufón (conformismo hacia el profesor) o de payaso (conformismo hacia el grupo), se expresan sobre todo en los colegios populares. La lógica del rostro “acelera” las diferencias, las de origen social, las de las calificaciones, las de los sexos.

La entrada al liceo (Instituto) es una gran división signada por el “rito de exclusión” de escuelas y modalidades prestigiosas que aseguran el acceso a mejores estudios superiores y/o empleos. Los estudiantes se convierten en estrategas, más o menos competentes, de su recorrido escolar. Se acentúa el instrumentalismo escolar, el cálculo de la utilidad de determinados cursos y de la inversión de tiempo en determinadas tareas con miras a su utilidad social. El liceísta intenta afirmarse como el sujeto de su socialización al seleccionar las oportunidades educativas que están a su alcance. A la fuerte articulación de la experiencia -sobre la primacía de una lógica de movilidad social de los liceístas de las clases medias- se oponen, casi hasta la caricatura, la desestructuración de la experiencia personal y la imposibilidad de la formación de todo proyecto académico para los alumnos con fracaso escolar, por añadidura escolarizados en establecimientos de relegación. La diversificación de la experiencia se acentúa y da lugar a una diferenciación creciente de individuos. La vida personal se ve afectada por las exigencias escolares, a las cuales está subordinada.

Ref.: Revista Mexicana de Investigación Educativa, vol. 5, núm. 10


Acerca de Lic AUS Jorge Luis Prioretti

Licenciado en Organizaciones sociales y culturales - USAL. Analista universitario en sistemas - UTN. Profesor Sup. Filosofía y Cs. Educación.
Esta entrada fue publicada en Elaboraciones, Videos y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s