La Violencia en las Escuelas desde una Perspectiva Cualitativa.


Las Formas de la Violencia en las Comunidades Escolares.

Las formas de violencias en las Comunidades Escolares sabemos que hay violencia física, pero que también hay violencia emocional cuando se afecta la integridad afectiva de una persona, o violencia simbólica cuando se vulneran sus creencias o su cultura. Paralelamente, pueden distinguirse las violencias según sus causas, así puede haber violencia que responda a causas políticas, o a diferencias socioeconómicas, como puede haber violencia debida a factores inherentes a la institucionalidad escolar o exógenos a ella.

En este sentido conviene tener en cuenta algunos aportes recientes que abordan la cuestión de la violencia en contextos escolares, y que justamente nos alertan sobre las distintas formas que puede tener la violencia en ellos. Por ejemplo, un estudio hecho en base a datos estadísticos, que compara distintos contextos nacionales como el de BENBENISHTY y ASTOR (2005) mostró que tanto en las escuelas de Israel como en las de California existían fundamentalmente tres tipos de violencia, y que estas se desarrollaban de manera distinta en poblaciones diferentes, además de obedecer a causas disímiles. Fundamentalmente, los autores indican que la violencia verbal y social (el uso de apelativos descalificadores y el aislamiento social deliberado de terceros), la violencia física leve (empujones, tirones de pelo, etc.) y la violencia física grave (lastimar con objetos punzantes, peleas con heridas graves, etc.) son tres tipos distintos de violencia. Es decir, que no aparecen asociados entre sí: quienes padecen un tipo de violencia no necesariamente padecen la otra y en los contextos en los que una de estas formas de violencia es común no necesariamente la otra alcanzará niveles de incidencia significativos.

Pero además de esto, estos autores muestran que los contextos que se asocian a un tipo de violencia no necesariamente se asocian al otro. Particularmente, en los casos que ellos investigan, la violencia social y verbal parecen responder a factores culturales y ser más frecuente en los sectores medios y medio altos, mientras la violencia física moderada está vinculada a los climas institucionales (fundamentalmente la existencia de normas claras, y de autoridades percibidas como ecuánimes) y la violencia grave ser más común en contextos de pobreza y marginalidad. Por otro lado, otras variables como el género tienen incidencia en algunos casos. Por ejemplo, la violencia física grave parece ser claramente más común entre los varones, pero la violencia verbal presenta menos diferencias por género y la violencia social tiende a ser más común entre las mujeres.

Dinámicas de la Conflictividad Escolar.

De manera general, existen dos tipos de violencia. En general un tipo de violencia que es más de índole emocional y/o simbólica y que se manifiesta como una suerte de conflictividad sorda que genera malestar en docentes y alumnos. Esta forma de violencia es posiblemente la más extendida, la de mayor incidencia y afecta por lo tanto a un gran número de comunidades escolares. Sin embargo, es también importante entender que esta conflictividad también presenta modulaciones y variaciones: se desarrolla de maneras parcialmente distintas en diferentes comunidades escolares y en distintos sectores sociales.

Por otro lado, existen episodios de violencia física que se distinguen de estas formas de conflictividad más general. Es decir, se tratan de episodios singulares que no siempre responden a las mismas condiciones o contextos que los de la conflictividad extendida que mencionamos antes y que son mucho menos comunes que esta. Sin embargo, aunque en principio puede hacerse esta distinción entre una conflictividad general y hechos específicos de violencia física, también es importante indicar que los estudios de caso revelan que en ciertas oportunidades estos hechos se articulan o relacionan. Para ser más claros, la mayor parte de las veces la conflictividad escolar que genera cierta ‘violencia emocional’ y/o simbólica no deriva en violencia física, y en muchas oportunidades la violencia física no está articulada con esta. Pero en ciertas ocasiones sí se produce una relación entre ellas. Para aclarar algo más el panorama de distinciones que estamos intentando presentar en lo que sigue introducimos algunos ejemplos que las detallan y clarifican.

Sintetizando.

El tema de la violencia en las escuelas es un tema vigente en los medios de comunicación. En los últimos tiempos los medios retoman el tema episódicamente para alertarnos sobre nuevos peligros y amenazas que se esconden en algunos hechos de violencia que más o menos regularmente ocurren en las escuelas. Si bien no se trata de negar el problema, siempre es conveniente frente a estas modas intentar poner las cosas en su justa medida y reconocer las verdaderas características del problema, más allá de las descripciones mediáticas. En este caso en particular la violencia no es una, sino que son muchas. No en todas las escuelas existe el mismo tipo de violencia, y no todas las violencias que aparecen en una escuela, son, a su vez de la misma índole. Es muy importante tener esto en mente porque nuestros juicios sobre el tipo de violencia que observamos están siempre basados en las definiciones o perspectivas que tenemos de ellas y por eso nuestras formas de proceder o tratar de abordarla responderán a estas percepciones.

En particular existen dos formas de la misma. Una de ellas es una modalidad algo sutil, pero bastante presente. Se trata de una forma de violencia quizás no abiertamente conflictiva, pero que no obstante permea la vida de las comunidades escolares, y que tiene como característica fundamental que vacía de sentido, transforma en algo mecánico y vacuo, a las actividades de los principales actores que las integran. Es decir, alumnos, docentes, directivos son afectados por una sensación de malestar porque el contexto escolar no les permite satisfacer las expectativas que vuelcan en él. En muchos casos estas sensaciones de malestar dan lugar a conflictos interpersonales, porque cada uno de los involucrados hace responsable a los otros de su condición. Y, sin embargo, muchas veces no se trata de las características individuales de los actores, sino de condiciones de la estructura institucional. Es decir, de ausencia o falta de mecanismos institucionales que permitan resolver las situaciones que se enfrentan. Es probable que esta situación responda a cambios profundos en las relaciones intergeneracionales, y que los malestares se deban a algunos desfasajes entre la institucionalidad escolar y la cultura de las nuevas generaciones.

La otra forma de violencia que encontramos es por supuesto la violencia física propiamente dicha. En este sentido deberíamos indicar que en general las manifestaciones de violencia física son ‘importadas’ hacia la escuela. Es decir, la escuela de hecho no utiliza ya la violencia física como mecanismo de regulación, más aún todos sus esfuerzos como institución están volcados a eliminarla. Pero, más allá de ello, por momentos la violencia física irrumpe en la escuela. Es interesante notar que al menos en algunos casos un problema recurrente es que la escuela no siempre posee mecanismos para resolver los casos de violencia física que irrumpe en ella. Los viejos instrumentos de disciplina como la expulsión, la sanción, etc. se encuentran cuestionados, y no aparecen sustitutos consensuados que logren suplantarlos.

Finalmente, otra cosa es que la violencia no responde siempre a las mismas causas. Puede verse que, algunas violencias, están relacionadas con los condicionamientos socioeconómicos que sufre la población escolar; pero también que otras violencias responden a los climas institucionales propios de cada escuela. Los estilos de gestión institucional son uno de los factores cruciales para intentar moderar los niveles de violencia que puedan surgir en una escuela.

Ref. Daniel Míguez
La Violencia en las Escuelas desde una Perspectiva Cualitativa

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Acerca de Lic AUS Jorge Luis Prioretti

Licenciado en Organizaciones sociales y culturales - USAL. Analista universitario en sistemas - UTN. Profesor Sup. Filosofía y Cs. Educación.
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