10 consejos para expresarse oralmente en clase.


La expresión oral ha sido, en la historia de la educación, el medio por excelencia para enseñar. Es la manera de transmitir los pensamientos, experiencias y sentimientos.

Si bien nuestras clases no pueden ser totalmente de exposición oral es necesario recurrir a ella.

  1. Si no se te oyes, menos te oirá los educandos.

Dentro de un volumen normal tus expresiones orales deben ser audibles. No se trata de gritar, que hay que evitar a toda costa, pero dentro del volumen de voz normal, hay diferentes grados; se trata de alcanzar un grado claramente audible para los educandos situados en los bancos de atrás considerando una clase en completo silencio.
Tu estilo lingüístico es la forma en que te expresas. Esto incluye elementos como el tono, velocidad y volumen de la voz, además de la pausa, la selección de palabras y otras opciones retóricas. Tu estilo lingüístico también puede contribuir a que las personas te escuchen o no.

  1. No grites, es peor.

Las condiciones en que damos clase no siempre son ideales y nuestros educandos, especialmente en cursos de muchos y adolescentes, puede que no muestren mucha inclinación al silencio y a escuchar. Sin embargo, en ningún caso se debe dar una clase intentando gritar más que ellos. Si hay ruido, hay que buscar otra solución al problema.
Muchas veces quedándose callado y mirándolos puede ser una buena solución y, a veces, algunos de ellos al observar esta actitud del docente son estos mismos lo que piden silencio al resto, sin tener que retar ni levantar la voz a la clase.

  1. Debes moverte moderadamente en el aula.

Un educador totalmente quieto durante toda la clase aburre a los educandos y resulta más difícil de entender, ya que no aprovecha el lenguaje visual para transmitir las ideas que explica: cambios de tema, relaciones entre conceptos, entre otros. Hay que aprender a utilizar los gestos de manera relajada y natural y cambiar de posición de vez en cuando. Dar unos pasos para señalar algo en el pizarrón, volver al frente de la tarima cuando se va a hablar durante unos minutos, dirigirse a un extremo de la clase y más tarde a otro.
De acuerdo a la cantidad de educandos y la dimensión del aula la movilidad será diferente, pero como principio puedo decirte que te muevas, debes en cuando, a la zona de educandos más bulliciosa, que están distraídos o que conversan entre sí. Tu presencia cercana los hace cambiar de actitud.

  1. No te muevas continuamente de aquí para allá.

Si bien hay que cambiar de postura cada cierto tiempo como algo natural y apropiado para la atención del oyente cambiar de postura de manera continua:  como yendo y viniendo, pone nervioso a quien lo hace y distrae a quien lo mira. Debemos evitar:

  • Caminar continuamente. Una cosa es cambiar de lugar cada cierto tiempo y otra no parar nunca (incluso hace dar gracia).
  • Moverte continuamente en el sitio. Por ejemplo, un paso adelante y otro atrás, ir casi de una pared a otra, de la puerta a la ventana y viceversa. Cuando estés sentado dejar las piernas quietas. Usar gestos de las manos y de la cara como expresión corporal que acompaña lo que se expresa oralmente.
  • Los movimientos involuntarios. Por ejemplo, sentarse en la mesa y balancear continuamente la pierna que cuelga sobre la otra.
  • Procura dar la clase de pie o si te sientas hazlo de modo que los dos pies estén en el suelo o en cualquier caso no te sientes más de unos minutos seguidos. Podemos mencionar otras posturas como sentarse sobre el pupitre la cual considero que, además, del mal aspecto lleva a que los educandos se relajen disciplinar mente. Otra postura es la de apoyarse sobre el pupitre, intermedio de estar parado o sentado, que considero aceptable.
  1. No hables de espaldas a la clase mientras escribes.

Si uno tiene que escribir en el pizarrón es mejor hablar después, mirando nuevamente a la clase. Algunos docentes saben escribir en la pizarra casi de costado sin quitar la vista panorámica de la clase para evitar bullicios o para expresar alguna indicación mientras escribe.
Es decir, en general es bueno no romper mucho tiempo el contacto visual con la clase, aunque puedan oírnos.

  1. Mira a tus educandos.

Es bueno mirar con frecuencia al estudiantado ya que mantiene la atención y previene barullo o conversaciones paralelas. Si necesitamos leer o mirar una pantalla durante un rato, por supuesto podemos hacerlo con naturalidad, pero debemos evitar mirar continuamente al suelo o a un punto indeterminado. Fijarse la hora a cada rato es desagradable para el auditor y distraerse por cada persona que pasa por el pasillo mirando a través de las ventanas o puerta con vidrio. Deben ver claramente que les hablamos a ellos y será más fácil que mantengan la atención  y el interés.
Conviene mirar a los asistentes repartiendo nuestra mirada entre diversas zonas del aula. Ponte como objetivo mirar a los ojos a todos y cada uno de tus educandos al menos cuando realizan preguntas.

  1. Cuidado con el ritmo de tus afirmaciones.

Muchas veces creemos que hablamos a un ritmo entendible y que nuestros educandos seguro nos debe seguir con su atención.
El secreto es hablar serenamente, mirando a tus educandos, ejemplificando y, de vez en cuando, preguntar a algunos de ellos que expresen con sus palabras lo que has dicho. El ritmo que un debe llevar debe ser el adecuado para que también puedan tomar apuntes sobre lo más importante, además de lo que puedas dictar, o realizar un mapa mental con los conceptos que das.

  1. No te preocupes por llenar los silencios.

No pasa nada si hay silencios en alguna parte de tu exposición, por ejemplo, cuando estás buscando una página en el libro, cuando te quedas pensando algunos segundos para luego continuar con el tema. Si crees que esos segundos son eternos para el que habla pero no para el que escucha, que quizás es un respiro.

  1. Sé preciso pero claro, define pero ejemplifica, expresa pero pregunta.

Di frases que empiecen y terminen, utilizando los verbos y pon el sujeto si se necesita. Hay que ser preciso en los términos, acorde a la disciplina que enseñas, pero si el educando no los entiende utilizar sinónimos válidos o saber definir esos términos. Siempre en bueno ejemplificar lo que se afirma especialmente con ejemplos de la vida cotidiana o actuales. También es bueno pedir ejemplos a los educandos o que comenten con sus palabras lo que entendió. No solo tú hablas busca un feedback para saber si han entendido.

  1. Repite las preguntas que te hagan antes de dar la respuesta.

Cuando un educando hace una pregunta, conviene repetirla de modo que todos la oigan. De esta manera, la pregunta servirá para todos y además nos aseguraremos de haberla entendido bien.

Mafalda

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Ref.: Agustín Cernuda del Río, Faraón Llorens Largo, Joe Miró Julià, Rosana Satorre Cuerda y Miguel Valero García, AENUI y Universidad de Alicante, Guía para el profesor novel, Ed. Marfil

Acerca de Lic AUS Jorge Luis Prioretti

Licenciado en Organizaciones sociales y culturales - USAL. Analista universitario en sistemas - UTN. Profesor Sup. Filosofía y Cs. Educación.
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