Participación de la comunidad educativa para una educación inclusiva.


Nos centraremos en dos aspectos claves de la educación inclusiva: la comunidad y la participación. No se constituye una comunidad si sus miembros no se sienten parte de la misma y no se desarrolla ese sentimiento si cada uno de ellos no se considera valorado, apreciado, si no participa en sus decisiones, en sus proyectos. Para transformar la escuela en comunidad es necesario el acuerdo y la participación de todos sus miembros. La inclusión se conforma y desarrolla sobre la participación y el compromiso de todos los implicados: profesores, alumnos, familias y otros profesionales y también con el apoyo y participación de la comunidad social inmediata, el barrio, el pueblo, sus vecinos, sus instituciones. La influencia entre ambas comunidades (la escolar y la social) es recíproca y deben establecerse canales de comunicación y participación que la hagan posible y efectiva. La inclusión se logra cuando todas las personas, conjuntamente, organizan, planifican y gestionan la atención a la diversidad con el fin de eliminar las barreras que impiden al alumno su aprendizaje y su participación.

La escuela no puede vivir de espaldas a la comunidad, al contexto social y cultural en el que está inmersa y, a su vez, este ámbito no puede ignorar a la escuela porque ambos se influyen y se necesitan. La comunidad social, por tanto, debe ser un punto de referencia y apoyo en la puesta en marcha de la escuela inclusiva. La inclusión no es una cuestión de tiempos (de 9 a 14 horas), lugares (escuela), momentos (lunes, tardes, mañanas)… en la que hay unos únicos actores (los profesores).

  1. Concepto de participación y comunidad

Participar significa colaborar, intervenir, cooperar, contribuir y aportar[1]. La participación plena implica tener voz y ser aceptado por lo que uno es; por ello, es fundamental asegurar el derecho de cada persona a la propia identidad, promoviendo su libertad, autonomía y autogobierno (Blanco, 2005).

Se trata de que el alumno logre una inclusión social a través de su propio bienestar personal y social. En este sentido, Ainscow, Booth & Dyson (2006) definen la inclusión haciendo referencia a tres variables: presencia, aprendizaje y participación (p. 25).

Para Zaitegui[2]  la inclusión no es sólo el aprendizaje y la participación de todos los alumnos sino el proceso por el que pasan los centros escolares y las relaciones que éstos mantienen con la comunidad en la que se desenvuelve y desarrolla cada alumno.

Desde la perspectiva de la Educación Inclusiva no se puede hablar de participación de los diferentes sectores sin hablar de la colaboración. Gallego (2005) plantea los tipos de colaboración que deben darse para alcanzar la inclusión: Interinstitucional (proyectos de colaboración entre escuelas), Inter-profesional (entre escuelas y profesionales), Inter-servicios (entre escuela y servicios educativos y/o sociales del entorno), entre alumnos (de colaboración en el aula) y con la comunidad familiar (escuela comunidad).

Estar incluido supone participar tanto en la comunidad social como en el contexto educativo (Parrilla, 2007). Por tanto, la inclusión es un proceso en el que todos estamos llamados a participar.

Una comunidad inclusiva es aquella que se plantea a través de sus grupos y organizaciones dar apoyo y arropar, a los miembros más débiles de la misma, actuar de manera que estos miembros más débiles se sientan formando parte de la misma, acogidos, interrelacionados, apoyados, comprendidos y puedan participar en ella desde su propia realidad.

Por lo tanto, toda comunidad educativa debe promover: la pertenencia y la participación de todos, el respeto a la diversidad, un entorno estimulante y diverso en el que se aprende y se cree. Hay que desarrollar valores inclusivos compartidos por todos: alumnos, profesionales y familias.

  1. Educación y participación

El derecho a la educación es un derecho humano fundamental. Este derecho puede considerarse como un derecho clave puesto que permite el completo ejercicio y disfrute de todos los demás derechos humanos. Todos los derechos civiles, culturales, económicos, sociales y políticos pueden disfrutarse de mejor manera si las personas han recibido una educación mínima. La efectiva implementación del derecho a la educación es, por lo tanto, un requisito previo para la democratización y para la total participación de los ciudadanos en todas las esferas de la vida.

La educación es un derecho universal que constituye un elemento fundamental de integración social para toda la persona. Todo niño tiene derecho a pertenecer a una comunidad y compartir con sus miembros las distintas experiencias de la vida cotidiana.

Podemos afirmar que la inclusión hace efectivo el derecho a la educación para todas las personas, sin discriminación porque plantea una escuela para todos sin barreras, con la participación de todos, con un currículum individualizado, etc., garantizando el desarrollo de cada alumno y con la finalidad de alcanzar una escuela de calidad.

Todos los niños necesitan estar incluidos en la vida educativa y social de las escuelas, del barrio y en la sociedad en general (no sólo en la escuela). El objetivo básico de la inclusión es no dejar a nadie fuera de la escuela ordinaria tanto educativa como física y socialmente. Esta idea es compartida por Delors (1996) que afirma “las escuelas inclusivas han de ofrecer al mismo tiempo, un sólido compromiso para que todos los alumnos aprendan a conocer y aprendan a hacer en las mejores condiciones”.

No debemos olvidar que todos los alumnos son capaces de progresar, y para ello, se les proporcionará una enseñanza ajustada a sus necesidades y características. Este es el principio de una escuela para todos.

La calidad y la equidad son dos pilares básicos indisociables. Entre los principios se contempla una educación de calidad adaptada a las características de cada alumno así como la necesidad de que todos los componentes de la comunidad educativa colaboren. Participación y esfuerzo compartido que debe realizar el alumnado, las familias, el profesorado, los centros, las administraciones, las instituciones y la sociedad en su conjunto para asegurar una educación de calidad y equidad.

Booth (2000) en sus trabajos ha utilizado el término de “barreras para el aprendizaje y la participación, en vez del término “necesidades educativas especiales” por centrarse en la política educativa, las instituciones, la cultura, o las circunstancias económicas o sociales en las que viven. Es decir, hace referencia a la importancia de los contextos donde vive y se desenvuelve el alumno que pueden presentar obstáculos a la presencia y la participación del mismo.

  1. Participación de los miembros de la comunidad en la escuela

Avanzamos hacia un modelo educativo de calidad y, para ello, los centros educativos deben dar respuesta a todos los alumnos desarrollando al máximo sus potencialidades e implementando el principio de igualdad de oportunidades. No podemos olvidar que la educación es un derecho humano universal y que cualquier niño debe acceder a una educación de calidad junto con otros niños de su propio barrio y contexto social; así mismo tiene el derecho a pertenecer a una comunidad y compartir con sus miembros las distintas experiencias de la vida cotidiana.

Esta participación no se dará si no se cumplen los principios y los valores del proceso de inclusión (Arnáiz, 2003):

  • Aceptación de la comunidad, los alumnos con discapacidad son miembros bienvenidos y valorados por la comunidad escolar. Todos los alumnos adquirirán aquellas habilidades vocacionales, domésticas, comunitarias o de ocio apropiadas a su edad en cada momento;
  • La educación basada en los resultados;
  • La educación intercultural;
  • La teoría de las inteligencias múltiples;
  • El aprendizaje constructivista;
  • El currículum común y diverso;
  • Enseñanzas prácticas adaptadas;
  • La mejor evaluación-valoración sobre la actuación del alumno;
  • La agrupación multiedad y flexible;
  • El uso de la tecnología en el aula;
  • Enseñando responsabilidad y a establecer la paz;
  • Comunidad educativa: incluye a padres, profesores y otros miembros de la comunidad educativa y especialmente a los alumnos.

Es fundamental para lograr la inclusión entender la escuela y el aula como comunidad en la que cada persona es un miembro necesario y valioso y tiene una función que desempeñar para apoyar a los demás.

Para todos y cada uno de los alumnos es de vital importancia el logro de habilidades para la vida independiente que faciliten su autonomía personal, la participación en la comunidad y la inserción laboral. El modelo de escuela inclusiva defiende un acceso a la educación de calidad en igualdad de oportunidades; inclusión es calidad.

Para alcanzar una educación más inclusiva es necesario avanzar hacia centros escolares abiertos a la participación de todos: profesorado, alumnado, familia, voluntarios y la comunidad en general (Echeita y otros, 2004).

 Participación de las familias

Cuando la familia y los miembros de la comunidad se involucran en los centros educativos, los alumnos obtienen mejores resultados. Por tanto, la escuela debe compartir la responsabilidad de todos los alumnos, y facilitar la colaboración entre familias, docentes y alumnos así como la participación de la comunidad.

Sin embargo, ¿cómo lograr la participación? hay varias respuestas a esta pregunta:

  • Creando redes con la comunidad.
  • Ofreciendo una información real y útil.
  • A través de un compromiso individual y grupal.
  • Desarrollando la confianza.
  • Estableciendo buenas relaciones.
  • Comprendiendo la cultura, la realidad socioeconómica y cualquier factor influyendo en la participación de la familia y la comunidad.
  • Estableciendo relaciones positivas y proyectos de colaboración e intercambio con otras escuelas de la comunidad.

 Participación de los profesores

Los equipos directivos deben tener como característica el liderazgo y la capacidad para promover la participación de toda la comunidad educativa en el proceso de una enseñanza atenta a la diversidad (Bolivar, 1996). Las prácticas deben apuntar hacia la innovación buscando el apoyo del entorno e instando a los profesores a asumir roles de liderazgo.

 Participación de los alumnos

Autores como Giné (2001, p. 8), señalan algunas de las finalidades de la escuela inclusiva, teniendo en cuenta que va a depender de las características del sistema educativo y de la sociedad:

  • Conceptualizar de forma diferente las necesidades especiales del alumnado.
  • Reconocer y valorar las diferencias presentes en el alumnado.
  • Procurar la participación de todos los alumnos y alumnas en el currículo, de acuerdo con las características personales de cada uno de ellos.
  • Capacitar a la escuela para que pueda dar respuesta a todo el alumnado del sector geográfico asignado.
  • Desarrollar la institución a partir de la reflexión compartida y la negociación del profesorado, así como promoviendo su formación
  • Buscar vías alternativas e innovadoras para mejorar la práctica en el aula, a partir de la experiencia del profesorado y del trabajo cooperativo.

Como podemos observar se muestra la participación de todos los alumnos como un fin de la escuela inclusiva, sin ella no se alcanza la misma.

La inclusión en educación significa fundamentalmente participación en y de la comunidad, y que todo ello se llevará a cabo mediante la eliminación de barreras a la presencia, participación y aprendizaje, el aprendizaje interactivo, el aprendizaje colaborativo, proporcionando los apoyos necesarios en cada momento y a todos.

La Educación Inclusiva, implica cambiar la estructura, funcionamiento y propuesta pedagógica de los centros para dar respuesta a las necesidades educativas de todos de forma que todos tengan éxito en su aprendizaje y participen en igualdad de condiciones.

  1. Comunidad educativa y sociedad inclusiva

La escuela es el paso previo para la plena integración social. La Educación Inclusiva significa eliminar, reducir todas las barreras al aprendizaje, formando parte de un movimiento por una sociedad más justa para todos. La sociedad es diversa; por lo tanto, la escuela de hoy también debe serlo y, por ello, es necesario que el trabajo de padres, profesores y agentes sociales vaya en la misma línea; la sola presencia física del alumno no significa que el centro se convierta en centro inclusivo.

La escuela, como servicio público educativo, “sirve a”, pero también “necesita de” la comunidad social donde se encuentra inserta. La escuela y la sociedad se necesitan mutuamente. Ni la una debe ser una fortaleza cerrada al margen de la comunidad, ni la otra debe dejar de lado la escuela como si fuera un ente que tiene su propia vida sin contactos ni relaciones con su contexto (Mendía, 2007). De acuerdo con esta afirmación, la escuela inclusiva no puede separarse de la sociedad y aquélla debe convertirse en una sociedad inclusiva que dé respuesta a todos sus ciudadanos.

La escuela inclusiva ofrece una educación de calidad a todos los alumnos, crea comunidades que aceptan a cada uno sin tener en cuenta sus características, fortalezas, limitaciones, etc. a la vez que colaboran en la construcción de una sociedad inclusiva. Pero ésta no es una tarea que le corresponde sólo a ella, sino a toda la sociedad. La escuela debe entenderse como comunidad inclusiva para todos: alumnos, profesores, familia y comunidad social (Parrilla, 2007).

Todos los niños tienen capacidades y potencialidades singulares, por lo que distintas características exigen respuestas diversas. Tienen necesidades no sólo físicas, psíquicas o sensoriales, sino también como consecuencia de situaciones sociales y culturales desfavorecidas o por carencias del propio sistema escolar. Estas respuestas deben venir desde el centro escolar y desde la comunidad, a través de los distintos servicios, programas e instituciones de la misma.

La escuela tiene importancia en la medida en que prepara para la vida, para el empleo, para la independencia y para la participación social. Durante su permanencia en ella se van adquiriendo competencias que forman al alumno para la vida y que son útiles a lo largo de la misma. Es decir, el alumno irá adquiriendo, en las diferentes etapas educativas, aprendizajes significativos y funcionales que le permitirán interactuar con el entorno adquiriendo así habilidades para la vida diaria, habilidades sociales,… que le proporcionará ser lo más autónomo e independiente posible y, en definitiva, una mejor calidad de vida.

Cada persona tiene sus peculiaridades, capacidades, limitaciones,… y, por ello, teniendo esto en cuenta cada uno de nosotros contribuimos de forma diferente en la sociedad, pero cada uno tenemos un papel único y debemos ser los protagonistas de nuestra propia vida.

Cada uno de los miembros de la comunidad educativa, por tanto, tendrá que realizar su propia contribución (Ramos, 2008):

  • Familias: colaborar estrechamente y comprometerse con el centro.
  • Centros y profesores: construir entornos de aprendizajes ricos, motivadores y exigentes.
  • Alumnos: ayuda, apoyo y respeto mutuo.
  • Administraciones Educativas: facilitar todos los recursos necesarios y reclamar su compromiso y esfuerzo.
  • La sociedad: apoyará al sistema educativo y creará un entorno favorable para la formación personal a lo largo de toda la vida.
  1. Índex para la inclusión y la participación en la comunidad

El Índex para la Inclusión tiene como objetivo implicar a todos los miembros de la comunidad educativa a realizar una autoevaluación para identificar sus fortalezas y debilidades, recoger datos e iniciar así el proceso de inclusión en el centro educativo.

El Índex para la Inclusión se organiza en torno a tres dimensiones interrelacionadas como son: su cultura escolar, su política y sus prácticas. La cultura escolar, en la Dimensión A: CREAR culturas inclusivas hace referencia, entre otros aspectos, a la implicación de la comunidad y sus agentes en el centro educativo. Si nos centramos en la Práctica, y en la Dimensión C: Desarrollar PRÁCTICAS inclusivas, observamos que las prácticas de los centros deben reflejar su cultura y las políticas inclusivas. Para conseguirlo, las actividades de aula y las actividades extraescolares deben permitir la participación activa de todos los alumnos partiendo de sus conocimientos y experiencias. El profesorado debe utilizar los recursos del centro y de la comunidad para lograr y mantener el aprendizaje activo de todos los alumnos.

A través de indicadores presentados en las tres dimensiones que señala el Índex se puede evaluar la situación de un centro escolar y/o de sus profesores. Nosotros presentamos a continuación las que hacen referencia a la participación de la comunidad[3].

A.1.5. Existe colaboración entre el profesorado y las familias

  • ¿Las familias sienten que hay buena comunicación con el profesorado?
  • ¿Están todas las familias bien informadas sobre las políticas y las prácticas escolares?
  • ¿Se les da a todas las familias la oportunidad de involucrarse en la toma de decisiones sobre el centro?
  • ¿Las familias disponen de una variedad de oportunidades para involucrarse en el centro (desde apoyar en actividades puntuales hasta ayudar en el aula?
  • ¿Se aprecian de igual manera las distintas contribuciones que las familias pueden hacer al centro?
  • ¿Todas las familias sienten que sus preocupaciones se toman en serio en el centro?

A.1.7. Todas las instituciones de la comunidad están involucradas en el centro

  • ¿El centro implica a las distintas instituciones de la comunidad (entidades locales, asociaciones, colectivos…) en sus actividades?
  • ¿El centro está implicado en actividades de las instituciones de la comunidad?
  • ¿Los miembros de las instituciones de la comunidad comparten recursos con el profesorado y el alumnado, tales como bibliotecas, aulas, ordenadores…?
  • ¿Las instituciones de la comunidad participan en el centro de igual manera, independientemente de su clase social, su religión y su raza?
  • ¿Se consideran todas las secciones de las instituciones de la comunidad como un recurso para el centro?
  • ¿El profesorado y los miembros del consejo escolar buscan las opiniones de los miembros de la comunidad sobre el centro?
  • ¿Los puntos de vista de los miembros de las instituciones de la comunidad afectan las políticas del centro?
  • ¿hay una opinión positiva del centro entre las instituciones de la comunidad?
  • ¿Los miembros adultos de los colectivos de nueva inmigración participan en actividades escolares de descubrimiento de las respectivas culturas?

A.2.2. El profesorado, los miembros del consejo escolar, el alumnado y las familias comparten una filosofía de inclusión

  • ¿Se considera el fomento de la colaboración tan importante como la motivación de la independencia o del trabajo individual?
  • ¿Se considera la inclusión como un proceso inacabable de aumento de la participación en vez de como un estado de encontrarse dentro o fuera de la escuela?
  • ¿Se entiende la inclusión como un proceso inacabable de aumento de la participación en vez de como un estado de encontrarse dentro o fuera de la escuela?
  • ¿Todos los miembros del centro toman responsabilidades para hacer que la enseñanza sea más inclusiva?

B.1.3. El centro intenta admitir a todo el alumnado de su localidad

  • ¿Se motiva a todo el alumnado de la localidad a que asita al centro educativo, independientemente de sus características y necesidades educativas?
  • ¿Se hace público que la inclusión de todo el alumnado de la localidad es un rasgo central del proyecto educativo del centro?

B.2.4. El Código de Práctica se utiliza para reducir las barreras al aprendizaje y la participación de todos los alumnos

  • ¿Los informes de evaluación psicopedagógica y los dictámenes de los alumnos con “necesidades educativas especiales” especifican el apoyo necesario para maximizar su participación en el currículo y en la comunidad?

C1.12. Todos los estudiantes participan en las actividades complementarias y extraescolares

  • ¿hay en la comunidad una oferta suficientemente amplia de actividades extraescolares para que atraigan el interés de todos los estudiantes?
  • ¿Se da a todos los estudiantes oportunidades para participar en actividades que apoyen y beneficien a las comunidades locales?

C.2.2. Se conocen y aprovechan los recursos de la comunidad

  • ¿Hay un registro regularmente actualizado de los recursos de la localidad que pueden apoyar el aprendizaje?
  • ¿Los miembros de las entidades locales contribuyen al Proyecto Educativo del centro?
  • ¿Las familias y otros miembros de la comunidad son utilizados como recursos de apoyo en las aulas?
  • ¿Se utilizan educativamente diferentes profesionales de la comunidad (servicios sociales, juez de paz, policía local,…)?
  • ¿En el centro se involucra a adultos con discapacidad en el apoyo del alumnado?
  • ¿Las personas que trabajan en la zona actúan como tutores para apoyar al alumnado que experimenta dificultades?

Síntesis: Calvo Álvarez, M.I. (2009), Participación de la comunidad. En Aspectos clave de la Educación Inclusiva, Publicaciones del INICO – Colección Investigación, Salamanca, 2009.

[1] Real Academia de la Lengua Consulta en línea (www.rae.es) un avance de la 23ª edición, el 20 de diciembre de 2008.

[2] http://web.educastur.es/proyectos/mediación/confer-comun/ponencia1.htm.

[3] Index para la Inclusión. Desarrollando el aprendizaje y la participación en las Escuelas (Booth y Ainscow, 2002).

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Acerca de Lic AUS Jorge Luis Prioretti

Licenciado en Organizaciones sociales y culturales - USAL. Analista universitario en sistemas - UTN. Profesor Sup. Filosofía y Cs. Educación.
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