Inclusión Interpersonal (relacional): fundamentos, pedagogía y técnicas de enseñanza.


Sobre nuestra teoría de inclusión multidimensional e integral presentamos una síntesis sobre la inclusión interpersonal o relacional: fundamentos, pedagogía y técnicas de enseñanza.

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Esta segunda inclusión es la que solemos escuchar o leer, la que llamo Inclusión interpersonal o relacional. Para ello, vamos a fundamentar que hay dos aspectos claves que hay que tener en cuenta a la hora de pensar que escuela es la más adecuada para enseñar a nuestros educandos. La primera de ella es que cada uno de nosotros somos seres únicos  y, la segunda, con una estructura relacional con los otros. Cada uno de nosotros realiza su existencia de un modo irrepetible e irremplazable distinto de los demás. Esto hace a la riqueza relacional que más que discriminar es fuente de enriquecimiento.
Desarrollaremos algunas características propias de la persona que le son fundamentales y nos permite demostrar algunos aspectos más sobre una educación inclusiva estrechamente vinculadas con su dimensión como persona.
Este hecho es fundamental de la existencia: la apertura a los demás y la interioridad única es el secreto, la clave de la realización de la persona.

I. Cada educando como persona única.

Si no consideramos en primer lugar que cada persona es única, interioridad irrepetible no tendría sentido hablar de pluralidad. Si fuéramos clones de una especie no estaríamos hablando de inclusión. Por eso, es importante hablar de mi Yo que tiene una manera única de ser persona. Hacemos referencia para desarrollar la parte de fundamentos a Ítalo Gastaldi. (El Hombre – Un Misterio, Ed. Don Bosco, 1999)

  1. Mi YO.

La capacidad de reflexión de la persona, estar “en sí” brinda una interioridad y el hecho de ser la persona un “yo” que se percibe como fuente de sus actividades, responsable de sus opciones libres, y como sujeto, centro consciente de atribución de todas las realidades que constituyen su ser.
Esto nos da una “subjetividad” que hace que yo pueda sentir mis vivencias como el otro; que yo pueda ver el mundo desde mi punto de vista y tú desde el tuyo.
Nos referimos a la interioridad cuando somos capaces de pensar y obrar conscientemente y de decidir de forma libre:

  • Autoconciencia, o autopresencia: es característico de una persona ya que no solamente sabe (conoce), sino que “sabe que sabe”, se da cuenta de que obra y que obra porque decide hacerlo. Más aún, se da cuenta de sí mismo y atribuye a su yo todas sus actividades.
  • Autodeterminación: capacidad que tiene la persona de realizarse (perseguir la felicidad) saliendo por sí mismo de la indeterminación en que ordinariamente lo llevan los motivos que tiene para obrar: eso que llamamos libertad.
  1. Mi ser único.

Esto es el fundamento de la inclusión en la educación, independientemente de razones raciales, económicas, sociales, religiosas o capacidades individuantes.

Esta interioridad fundamenta la unicidad la persona. Yo, o mi YO, no “es un ser fotocopiado” o escaneado de una especie determinada, sino que cada uno tiene una manera única de ser persona. A partir de ver el hecho de que somos seres dialogales con el otros y que la misma es esencial en la persona.

Es cierto que la persona es un “individuo”, porque pertenece a una especie; como individuo forma parte con los demás y se distingue por sus “caracteres individuantes”.
Pero al ser persona se convierte en algo más que un individuo, en un ser irreductible a las cualidades particulares que posee. Cada uno de nosotros realiza la especie “persona” de un modo irrepetible e irremplazable. Cada persona es igual a sí mismo, soy único en ser yo y sólo una vez.
El hecho de la libertad, es otro elemento, además de la interioridad, fundamenta la unicidad de la persona. Esto es debido que ser convierte en ser dueño de su propia existencia y de poder moldearla, configurándose y diferenciándose de los demás. “Yo soy yo y mis circunstancias”, escribía Ortega y Gasset en 1914[1].

II. La Convivencia con el otro que es tú. Hecho fundamental de nuestra autorrealización.

  1. Descubro y dependo del otro.

Ser persona nos hace seres dialogales. El hecho del diálogo en todos los niveles y para los emprendimientos más diversos y el fenómeno de la socialización, han llevado a la conclusión de que la dimensión social es esencial, constitutiva de la persona. La socialización es la multiplicación de las relaciones de convivencia.
El hecho social es un fenómeno evidente, aún a escala doméstica. La persona necesita de los demás para crecer. Necesita que le den no sólo leche y pan, sino palabras y amor. Necesita luego incorporar el patrimonio cultural, hacerlo propio. Todo el mundo, por otra parte, lleva las huellas de los otros: la calle, la casa, el papel, la radio…[2].
“La referencia a los otros entrecruza toda la existencia humana de mil diversas maneras: en forma de necesidad; en forma de alegría por la compañía; en forma de sociedad, de familia, de sexualidad, de unificación del planeta; en forma de responsabilidad, o de mil otras maneras.[3]
El “ser-en-el-mundo-con-otros” es un hecho relevante en nuestras vidas. Nuestra vida surge de la comunión del amor de dos personas. Si no fuera por esta comunión no seríamos. El ser humano después de nacer es el viviente, quizás, más desprotegido y dependiente del cuidado del otro.
Pero ese otro no es solamente aquel está relacionado conmigo (prójimo – próximo) en una dimensión lateral, sino incluyo aquello, desde una visión descendente y ascendente, desde un punto de vista histórico-afectivo, nuestros descendientes, quienes nos ha dejado su legado de vida, sus ejemplos, sus investigaciones, sus descubrimientos y, por lado, el legado que dejaremos y dejamos mientras somos-con-otros. 

  1. Humanismo Social

Este pensamiento pone de relieve la condición social de la persona considerando a la misma en relación con las demás, en primer lugar, y luego en relación con el mundo.
La transcendencia del “tu” (que es más que “otro”) es la verdad más profunda de la persona. Existir es co-existir. “El hecho fundamental de la existencia es la persona con la persona”[4]. La persona es un “ser para el encuentro”: sólo comprende su misterio cuando encuentra al otro hombre y crea con él una relación interpersonal[5].

Este aspecto es esencial en el concepto de escuela, especialmente desde una perspectiva inclusiva, ya que la misma es por excelencia convivencia, ser-con-vos, ser-para-el-encuentro.


Esta perspectiva, de personalismo dialogal considera la persona como alguien ante el otro (Tú) pero como algo que esté enfrente, separado por un espacio, sino unido dialogalmente, com-partiendo (entre los dos somos parte de un todo), soy con-tigo (tú) formando una com-unión (Unión con y entres). Esta idea difiere por exceso del Comunismo y por defecto del individualismo.
El personalismo dialogal considera la realidad de la “persona en comunión”, apareciendo en Europa al fin de la Primera Guerra Mundial (1918), por pensadores como Martín Buber, Gabriel Marcel.

  • Emmanuel Mounier dice, que “el filósofo que se encierra en el yo, no encontrará jamás el camino que conduce a los otros”[6]. En la apertura al “otro” adquiere la persona su consistencia.
  • Martín Buber define al otro como tú. La convivencia humana o el encuentro recíproco está en la dimensión “yo-tú” que constituye a la persona. La relación “Yo-Ello” es experiencia, saber, dominio. Funciona en la relación “señor-esclavo”, pertenece al plano laboral, técnico o utilitario.

La relación “Yo-Tu” es encuentro dialogal, inmediato, cara a cara; democrático, comunión, compartir, produciendo encuentro.
La relación “Yo-Tú” tiende a degenerar en una relación “Yo-Ello”, en la que Él o  Ella pueden ser reemplazados por Ello. En la época actual la relación “Yo-Ello” se halla gigantescamente hinchada y ha usurpado prácticamente el dominio la persona: obstaculiza la relación personal[7] y fomentando la discriminación.

  • Emmanuel Levinas afirma que la relación social va más allá de la relación “yo-tú” de que habla M. Buber, adecuada para las relaciones de amistad y de pareja, pero no la trasciende. En el “otro” están incluidas todas las personas humanas. Por lo tanto, Levinas pasa del “prójimo-individuo” al “prójimo-masas humanas“, afirmando la universalidad del “otro”. La injusticia que cometo con el “otro”, tiene consecuencias para el “tercero”, ese tercero ausente que está detrás del rostro del otro. Reconocer al “tercero”, es afirmar la necesidad de crear estructuras sociales de justicia y libertad, estructuras que hagan imposible la explotación y posibiliten concretamente el reconocimiento del otro.
  • En mi opinión, siguiendo el mismo hilo conductor de la relación, somos-con-otros-en red. Lo que bueno o malo que hacemos al otro, “Tú”, repercute en la red relacional de alguna manera y, también, tiene repercusión en el tiempo relacional.

En la educación todo nuestro trabajo docente no solo repercute sobre el tú del educando. Sino, que también, lo que aprende de nosotros incide luego en terceros y, en el tiempos, a otros terceros.

  1. Lo fundamental de mi existencia.

“La persona se torna un yo a través del tú”[8]. Es claro con el ejemplo que dimos desde que nacimos a través de nuestros padres. La persona no tiene primero relación a sí mismo y luego, en un segundo momento, relación al tú del otro. No; el yo se autoconoce al mismo tiempo que entra en relación con los demás.
Decimos que el “nosotros” es la matriz y el ámbito constitutivo de las personas: el yo es “yo” en el nosotros, y el tú es “tú” en el nosotros. “El otro no es un límite sino un manantial del yo”[9].

La persona es un “ser para el encuentro”, y la escuela es ese lugar insustituible para ese encuentro.

La persona es una “estructura relacionar, que consiste en la autoposesión consciente de su ser relacional. La presencia del tú en el yo, hace que el yo esté presente a sí mismo (autoconsciente)[10]. “Ni siquiera en la más radical soledad del yo, deja de existir en el alma la oscura vivencia germinal del tú”[11].

 En síntesis: la persona es un “ser-cabe-sí’, un “ser-junto-a-sí” o un ser que está consigo, que posee de autoposesión: está presente a sí mismo por la reflexión; y autodeterminación: dispone de sí mismo por la libertad. Pero sólo se puede entender en relación recíproca con el tú, y, a través del tú, con el nosotros. Para la persona “existir” es “coexistir”.

  1. La escuela debe tener en cuenta que cada educando es único, debe estar abierta a TODOS, forjando un NOSOTROS, comunidad comprometida significativamente porqué encuentran en ella respeto a su singularidad.
  • Debe ser accesible a todos: de su origen, de sus condiciones personales, de su raza, de sus condiciones sociales y económicas, de sus creencias.
  • Deben aprender juntos: Todos se enriquecen trabajando colaborativamente y cooperativamente. Los que tienen dificultad son ayudados y alentados, y las que no la tienen progresan como persona en valores de solidaridad, colaboración y respeto al otro tal como es.
  • Atención a la diversidad ya que ninguno es igual, somos irrepetibles.
  • Aprendizaje cooperativo, com-unitario, en com-unión.
  • Enseñanza adaptada a las necesidades de los educandos, lo más personalizada posible en igualdad de oportunidades.
  • Aprendizaje comunicativo: entre docentes, entre alumnos, entre docentes y alumnos. Esto lleva a una comunidad más democrática.
  • Una escuela donde se forja lo social a través de relaciones profundas. Donde se incluya la familia, principales educadores, e insertada en el barrio.
  • Una escuela que trascienda el horario escolar hacia la casa con la posta docentes-padres, padres-docentes desvinculándolo de la calle. Para ello, hay que educar o concertar con los padres.
  • Favorecer el protagonismo de los alumnos ya que de esta manera madura su reflexión, su investigación, su iniciativa.
  • Forjar las habilidades cognoscitivas como su desarrollo personal, preparación ciudadana y conciencia de comunidad
  1. La escuela debe trascender los muros del edificio y extenderse al hogar de cada joven y se insertase en el Barrio. (Inclusión Social)
  • La escuela empieza desde que el joven se levanta hasta que se va a dormir. El horario escolar es una forma, abarca un tiempo. Los principales responsables son los padres. Hay que buscar estrategias para acordar o negociar con ellos el seguimiento de su enseñanza y, en especial, lo que solo ellos le pueden transmitir.
  • Generar proyectos de inserción al barrio, de aporte al barrio: reciclado de basura que pueden participar los educandos, cursos de capacitación a adultos, de alfabetización, etc.
  • También el entorno donde está inserta la escuela puede participar de la enseñanza del educando: Bibliotecas, bomberos, policía, centros comunitarios, ex alumnos, etc. Cada uno de estos ámbitos o profesiones pueden aportar conocimientos de vida valiosos.
  • Hemos visto que en el encuentro entre el yo y el tú influye, también, en un tercero. Los padres fueron a una escuela seguro que tienen algo para dar: en las tareas de sus hijos, en sus trabajos de investigación.
  • Por otro lado, el alumno joven debe ser consiente que en la comunión fructífera en la escuela siempre se puede enriquecer un tercero, porqué tiene algo para dar.
  1. Las escuelas deben formar una red de comunión pedagógica y en cada escuela una comunión pedagógica entre docentes. (Inclusión interescolar)
  • En cada escuela debe haber una comunión significativa entre los docentes y unidad de criterios pedagógicos. No educan los docentes en una escuela sino el cuerpo docente como unidad, con una identidad pedagógica, con un mismo criterio de evaluar, etc.
  • Debe existir un modo, una misma cultura de comunión pedagógica entre los docentes y los alumnos.
  • Debe existir un mismo criterio de corregir, de sancionar, de guiar y conducir.
  • Por último, las escuelas, especialmente las que pertenecen a un mismo ámbito social y cultural, deben formar una red donde se enriquezcan con sus experiencias pedagógicas.
  1. Las instituciones educativas deben desempeñarse al ritmo unísono, al sentido y a la orientación del Sistema Educativo formando un organismo educativo sólido y coherente.
  • No todas las escuelas hablan el mismo idioma. Y desde un aspecto es bueno ya que dijimos que cada persona es única, por tanto, cada escuela es única, tiene una cultura educativa, una historia, un ideario y una realidad social particular en donde está insertada.
  • Pero hay muchas cosas que deben coordinar unísonamente. Personalmente trabajo en varios colegios y cuantas veces la Dirección de un colegio me dice que “la Supervisora me dijo….” Y en consecuencia cada dirección interpreta normativas de diferente manera. De un la lado dicen “La jornada ministerial la tenes que hacer acá porqué…”, del otro lado “No la tenes que hacer aquí…”.

II. Pedagogía de la Inclusión Interpersonal.

  1. La Dimensión dialogal con el tú. Pedagogía de la palabra y del amor.

Citaremos dos elementos claves para fundamentar esta dimensión dialogal: la palabra y el amor. Elementos, también, claves para una educación inclusiva

a. La palabra es propio de la persona, va de persona a persona. Siempre hablamos “con” otros “sobre” algo.
La palabra descubre mi existencia desde mi nacimiento cuando mi madre menciona mi nombre. La palabra no solo llega a nuestra mente sino despierta, también, nuestros afectos. La palabra tiene vida en nosotros en el seno de nuestra madre cuando nos habla con ternura. Científicamente está comprobado la importancia de la palabra ante de nuestra gestación.
La persona no descubre su propio yo (su autoconciencia) ni se personaliza sin la llamada del otro. La palabra identifica a la comunidad, al Yo-con-vos a través de un determinado lenguaje: elemento fundamental de un espacio cultural.
La palabra no es solamente para comunicar, que es mucho, sino además, es un instrumento de encuentro y un medio de personalización. El espíritu humano se realiza lingüísticamente. Por la palabra se realiza el yo-tú en una nueva vida de comunión.
El niño nace “antes de tiempo” y es reengendrado en el seno de la sociedad a través de la palabra, para llegar a ser hombre.

Qué linda expresión para ser aplicada a la educación. La escuela inclusiva es seno maternal que reengendra humana y culturalmente al educando.

b. Pero el amor, el amor amistad que corresponde al amor que recibimos de los otros y el amor que entregamos a los demás, fundamenta que la persona no se realiza en el encierro del yo, sino en la apertura al tú.
Este amor realiza el paso “del yo al nosotros“. El amor tiene un objeto, y ese objeto es el tú. Y por medio de ese amor además de aportar plenitud al otro retorna a nosotros (aún sin ser correspondido) a la misma persona que lo originó, forjando la personalidad madura que logra cierta plenitud del ser. Por eso, el amor tiene sentido más allá de ser correspondido porqué el que ama es el primer beneficiario: lo lleva a la plenitud de ser.
La persona que ama genera una comunión en el otro, el tú. Si este es recíproco genera una UNIÓN que da sentido pleno a esta comunión; pero son dos personas. Si esta idea la expandimos en red logramos una verdadera comunidad.

Esta idea es base para forjar una verdadera comunidad escolar. Es la clave que subyace en la idea de una escuela inclusiva.

La fenomenología del amor lleva a esta conclusión:

Para ser yo mismo necesito de los otros. No me realizaré como persona en su plenitud, si no recibo de los demás su respeto, su estima, su admiración, su amor, su reconocimiento, su compañía.
Es una extraña necesidad la persona, que para hacer su propia valoración necesita que otros lo valoricen, necesita para descubrirse, mirarse en el espejo de los demás. Necesita que otros lo miren.
Pero sobre todo necesito dar yo algo a los demás. Crece mi personalidad en la medida en que salgo de mí mismo para darme a los otros, para escucharles, prestar atención a su vida, situarme en su punto de vista, servirles, ayudarles a ser más libres y a crecer por sí mismos. El amar al otro me arranca de la propia subjetividad, desata mis fuerzas creadoras y las pone al servicio del reconocimiento de los demás.
“Para vivir con sentido, debemos ser nosotros mismos el sentido de la vida para otros”[12].

  1. La Dimensión Sociopolítica. Pedagogía del diálogo y la participación.[13]

Se trata de llegar a ser genuino ciudadano, preocupado y comprometido con el bien común, con lo público.
La formación de la dimensión sociopolítica implica desarrollarlas competencias necesarias para la convivencia y el ejercicio de una ciudadanía activa y responsable. Competencias comunicativas, de escucha y diálogo. Competencias para tomar decisiones y evaluarlas, argumentar y defender su postura, valorar la diversidad y saber llegar a acuerdos. Competencias para vivir y trabajar juntos a los que son diferentes, para ser capaces de valorar y de respetar la diversidad de costumbres y opiniones. Competencias para resolver los conflictos mediante la negociación y el diálogo, de modo que todos salgan beneficiados de él, tratando de convertir la agresividad en fuerza para la creación y la cooperación. Competencias para interactuar con los otros diferentes, para valorar y aceptar las diferencias culturales, de raza y de género, sin convertirlas en desigualdades. Competencias para tratar con cortesía, para colaborar, es decir, trabajar juntos, para decidir en grupo, para considerar los problemas como retos a resolver y no como ocasiones para culpar a otros. Competencias para el servicio y la solidaridad y para oponerse a todo lo que amenaza e impide la vida: injusticia, desigualdad, discriminación, manipulación, conformismo, violencia, corrupción, entre otros.
Para educar la dimensión sociopolítica, se requiere de una pedagogía del diálogo y la participación. El ser humano se hace persona en diálogo con su mundo y con los otros. El diálogo implica búsqueda permanente, creación colectiva. Dialogar supone aceptar que toda persona sabe, que no todos saben lo mismo, y que estos saberes necesitan relacionarse y confrontarse para que de ellos nazca un nuevo saber, diferente a lo que se pensaba al comienzo. Por eso, es importante nuestra propuesta de realizar “diálogos socráticos”. (Ver: https://inclusioncalidadeducativa.wordpress.com/2015/10/24/eldialogo-socratico-en-el-contexto-de-una-educacion-inclusiva-integral-y-de-calidad/)
El diálogo implica problematizarse, hacerse preguntas. El diálogo en los espacios educativos sólo es posible en un ambiente de respeto, confianza, escucha y humildad, para reconocer que la verdad se va haciendo y construyendo en el compartir de ideas, reflexiones, investigaciones y experiencias.
Por otra parte, el diálogo verdadero es una práctica no exenta de conflictos, ya que no suele establecerse desde las coincidencias, sino desde las opiniones, puntos de vista, valoraciones y proyectos diferentes. De ahí que la pedagogía del diálogo debe asumir también la pedagogía del conflicto y la negociación, como medios para superar las diferencias y construir acuerdos básicos para la acción colectiva.
Para gestionar educativamente los conflictos hay que vivirlos en términos de lealtad y de disponibilidad a la autocrítica, para así superar los prejuicios y suposiciones.
El verdadero diálogo implica la participación y la cooperación. El hecho educativo debe convertirse en un hecho comunicativo y comunitario. Se educa en comunidad, con la comunidad y para la comunidad. El equipo, y no el individuo aislado, debe ser la unidad educativa básica y medio principal para el desarrollo de la dimensión sociopolítica. Equipo directivo, de educadores, educandos, miembros de la comunidad. Toda la escuela se transforma en un equipo, unidos en la identidad y en la misión, en el que cada uno asume su tarea con entera responsabilidad, cuida y se preocupa por todos los demás.
Todos aprenden y aprenden de todos: aprenden a compartir, a ser solidarios, a resolver los problemas y los conflictos mediante la negociación y el diálogo, a comprometerse en la búsqueda del bien común.
Para una educación genuinamente democrática y gestora de democracia se debe optar por una gestión democrática en la dirección de las escuelas, constructora de organización, centrada en lo pedagógico y con un liderazgo educativo compartido. (Ver: https://inclusioncalidadeducativa.wordpress.com/2015/07/10/gestion-educativaestrategica-gestion-necesaria-para-una-educacion-inclusiva-2/).
La gestión democrática se hace realidad asegurando instancias organizativas y cauces que garanticen el proceso de participación. Sin participación es impensable una gestión democrática. La participación es una manera de entender la vida y las relaciones humanas, que posibilita convertir la escuela en un lugar donde se viven situaciones de vida democrática y se desarrollan las convicciones democráticas. Para ello, es necesario crear un clima de participación: un ambiente propicio para las relaciones interpersonales y grupales, que estimule el discernimiento con libertad crítica y autocrítica.
La participación en las estructuras de dirección de la escuela y programas educativos busca promover valores en tres ámbitos. En lo personal, la participación promueve el desarrollo integral de los actores del proceso educativo: criticidad, creatividad, solidaridad y compromiso. En lo social, favorece el pluralismo, las instancias de organización social, la capacidad de convocatoria y los vínculos comunitarios. Y en lo institucional, ofrece un testimonio coherente que asegura la permanencia de la identidad y unidad de la institución con flexibilidad histórica.
La dirección democrática concibe su trabajo como una tarea de equipos con el consiguiente reparto de responsabilidades y funciones. Se basa en la participación y el desarrollo coordinado de la acción y se asume como una forma compartida de tomar decisiones. Conlleva el pensar la escuela  o el programa educativo como tarea colectiva para convertirlo en el lugar donde se analiza, discute y reflexiona conjuntamente sobre lo que pasa y sobre lo que se quiere lograr. Busca romper la fragmentación de las intervenciones de los agentes educativos y convoca a todos a la construcción del proyecto educativo, concibiendo la escuela como unidad funcional de acción, planificación, evaluación, cambio y formación. Es el camino para saltar de la cultura de la subordinación a la cultura de la coordinación.
La finalidad de la organización es el crecimiento de los actores: educandos, padres y madres, miembros de la comunidad, educadores, y se concreta en la construcción delos equipos de trabajo. Sus actuaciones deben centrarse en actividades pedagógicamente ricas como la coordinación del proyecto, el estímulo, motivación y formación de los educadores, la cohesión de los equipos, el fomento del entusiasmo y la innovación, la preocupación por la calidad. El liderazgo pedagógico convoca a todos a la integración en un proyecto común que se elabora y desarrolla en colaboración.
Las tres grandes funciones del ejercicio del liderazgo son: definir, apoyar y sostener unos fines y metas educativos; desarrollar y mantener el sentido de comunidad; y promover innovaciones sobre bases sólidas y el desarrollo profesional y organizativo del centro o programa educativo.

En síntesis, la organización y gestión adquieren características concretas que llevan implícitas las opciones fundamentales. En consecuencia, sus estructuras deben responder a los siguientes principios o claves:

  • Dinamismo: La organización debe estar en permanente revisión y cambio para responder mejor a las demandas del entorno sociocultural.
  • Creatividad: Los responsables de la organización y gestión promueven la capacidad de proponer, crear, inventar, soñar…
  • Autonomía: Cada instancia de la institución asume sus responsabilidades en interrelación con las otras y dentro de una comunión de objetivos.
  • Comunión: Los responsables de la organización y gestión velan por la vivencia de la unidad, de modo que todos los miembros y actores se sientan parte de un solo cuerpo, comprometidos en un proyecto común.
  • Comunicación: La participación no es posible sin canales de comunicación y la información necesaria debe estar al alcance de todos los participantes para evitar privilegios y discriminaciones.
  • Democracia: Se impulsa la toma de decisiones democrática, la creación y el acompañamiento de grupos diversos, que se organizan autónomamente en el marco de un proyecto educativo unificador y asumido por todos.
  • Humanidad: La organización y gestión están al servicio de las personas, procurando su motivación, formación, crecimiento y responsabilidad. Por ello, promueven la fecundidad (el crecimiento integral) más que la mera eficacia.
  • Efectividad: La organización y gestión dan respuestas efectivas a las exigencias y necesidades de la comunidad, y se responsabilizan por los procesos y por los resultados.
  • Coherencia: Los propósitos, las teorías, las propuestas, el deber están en concordancia con las acciones, actitudes y prácticas.

 

III. Aprender a vivir juntos pilar de una inclusión personal y sus técnicas de enseñanza.

Ya mencionamos el informe a la UNESCO de la Comisión Internacional: La Educación encierra un tesoro sobre la Educación para el Siglo XXI que propone una visión integrada de la educación basada en dos conceptos esenciales, ‘aprender a lo largo de toda la vida’ y los cuatro pilares de la educación, aprender a conocer, a hacer, a ser y a vivir juntos.
Uno de los conceptos más importantes del Informe era el de los cuatro pilares de la educación de la cual para esta inclusión tomamos “aprender a vivir juntos”.

 Aprender a vivir juntos

La escuela es un ámbito de socialización por excelencia donde cada uno se encuentra en el encuentro con el tú, aunque sea diferente: Saber con-vivir. La forma en la que se plantea la acogida a los educandos tiene mucho que ver con la concepción de diversidad, así como de lo que se espera de la escuela al respecto. No puede haber una buena acogida en un centro que no sea acogedor, ya que la palabra acoger conlleva una implicación de actitud afectiva. Las ideas de recibir, admitir y aceptar envuelven otras como las de conocer y querer[14]. Este aprender para nosotros considera las siguientes teorías:

Y técnicas y estrategias actuales como:

#ICE_Elaboraciones #ICE_InclusiónInterpersonal

[1] ORTEGA Y GASSET J., “Meditaciones del Quijote”, Madrid, 1975, p. 30.
[2] Ver GEVAERT J., “Filosofía del hombre”, o.c., pp. 29-67.
[3] GONZÁLEZ FAUS J.I., “Proyecto de hermano”, o.c, p. 685.
[4] BUBER M.,.”¿Qué es el hombre?”, México, 1960, p. 147
[5] ROF CARBALLO, “El hombre como encuentro”, Madrid, 1973, pp. 24-25.
[6] TUÑON HIDALGO A., y otros, “Historia de la Filosofía”, Madrid, 1978, p. 387.
[7] BUBER M., o.c, p. 156.
[8] BUBER M., “Yo y tú”, Buenos Aires, 1967, p. 34.
[9] NEDONCELLE M., “La reciprocidad de las conciencias”, Paris, 1942, p. 67.
[10] Cf. VERGES S., “Persona y comunicación”, Bilbao, 1985, pp. 153 y ss.
[11] LAIN ENTRALGO P., Teoría y realidad del otro”, o.c, II, p. 191.
[12] KWANT R„ “Filosofía social”, o.c, p. 88.
[13] En este aspecto, el pedagógico, hacemos referencia a la “Colección programa internacional de formación de educadores populares, La educación popular y su pedagogía – Federación internacional Fe y Alegría” y reflexiones personales
[14] Francesc Carbonell y Joaquim Arenas en Plan para la Lengua y la Cohesión social. Educación e inmigración. generalitat de Catalunya, en junio 2007. Localizable en http://www.xtec.es/lic/intro/documenta/anexo1_aulas.pdf

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Acerca de Lic AUS Jorge Luis Prioretti

Licenciado en Organizaciones sociales y culturales - USAL. Analista universitario en sistemas - UTN. Profesor Sup. Filosofía y Cs. Educación.
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