Inclusión Cultural y Tecnológica: fundamentos, pedagogía y técnicas de enseñanza.


En nuestra teoría de inclusión multidimensional e integral presentamos una síntesis sobre la inclusión que considera a la persona como ser en el mundo. Y en este vivir en el mundo el hombre en comunión forma una cultura y una tecnología.

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I. El hombre “ser-en-el-mundo”[1]

Este tipo de inclusión es también de envergadura para la educación, ya que lo que aprendemos es por estar relación con el mundo; ser-en-el-mundo: las ciencias, las artes, nuestra cultura, la tecnología.
Y por otro lado, lo que aprendemos es para un determinado modo de ser-en-el-mundo: nuestra profesión, nuestro trabajo.
La educación no puede ser la misma en todas las escuelas, inclusive en un mismo país. Un país no posee, todos sus ciudadanos, los mismos rasgos culturales, el mismo entorno socio-tecnológico, las mismas salidas laborales y la misma cosmovisión de valores sociales.
Cada escuela debe adecuar su educación al modo de estar-en-el-mundo de su entorno social, de los intereses sociales de aprender sobre un hacer-en-el-mundo y de hacer-su-mundo.
Martín Heidegger fue quién acuño el término que el hombre es un “ser-en-el-mundo”.

a. Vivimos en un constante intercambio con el mundo que nos rodea, intercambio que nos enriquece y nos permite realizarnos. Formamos con él un sistema de reciprocidad, de sentido y de vida. Vivimos en un mundo abierto, con fronteras fluidas que se ensanchan continuamente.

b. “Ser-en-el-mundo” no es algo periférico, sino algo estructural y constitutivo del hombre: sólo somos si somos en-el-mundo. El mundo es como el cuerpo grande del hombre, la prolongación de la corporeidad. No hay hombre sin mundo, como no hay hombre sin prójimo.

c. Por el hombre existe el mundo. Sin el hombre habría muchas cosas, pero ningún ser que las captara en su conjunto, como unidad, como totalidad de la experiencia externa.

No somos espectadores pasivos en el mundo: estamos en diálogo con él. Mediante la ciencia, la técnica y el arte ponemos un sello espiritual a la materia y la “hominizamos”, llenándola de significados: elevamos la “naturaleza” al rango de “cultura“.

Este concepto es también de envergadura para la educación, ya que lo que aprendemos es por esta relación con el mundo: ser-en-el-mundo: las ciencias, las artes, nuestra cultura. Y por otro lado. Lo que aprendemos es para ser un determinado modo de ser-en-el-mundo: nuestra profesión, nuestro trabajo.

Es decir, nos referimos al mundo del hombre, ese mundo que hemos construido a través de nuestras propias experiencias, teñido de subjetividad, ese mundo cuya visión vamos modificando a través de los años y de las generaciones. Nos movemos en un ámbito repleto de significados, en un ambiente organizado por el hombre mismo.

  1. El hombre y su relación con el mundo.

El hombre, si es corporal es un ser en el mundo. El mundo es un mundo para el hombre, porque el hombre es un ser en el mundo. En este sentido, la relación entre el hombre y el mundo es necesaria; sin relacionarse con el mundo el hombre no puede ejercer su existencia.
En el curso del funcionamiento natural del mundo, el hombre es un factor de novedad. Sin el hombre, el mundo sería puro despliegue de causas y efectos naturales. El hombre da lugar a “comienzos”, es decir a procesos o acciones que no pueden reducirse a desarrollo natural de la situación previa: la relación entre el hombre y el mundo es libre.

  1. La Cultura como un modo de Estar-en-el-mundo.

La libertad tiene una enorme capacidad de modificación del entorno mundano del hombre. El desarrollo progresivo de la técnica ha permitido al hombre dominar cada vez más las fuerzas naturales, y configurar ámbitos más según sus proyectos y menos según los condicionamientos que la naturaleza suponía. Ese “mundo” habla, y es entendido por el hombre, en los términos de la ciencia positiva y de la utilidad práctica. En él el hombre se siente llamado o impulsado, no tanto al conocimiento de verdades y significados inscritos en la misma naturaleza de las cosas, cuanto a transformar el mundo, es decir, no tanto homo sapiens, cuanto homo faber.
Este aspecto desde el punto de vista comunitario, es decir, el hombre en comunión con otros en un determinado entorno, su mundo; ese ser-en-en-mundo-con-otros fue dando origen a la Cultura, como una determinada manera de relacionarse con el mundo, una determinada manera de ser-con-otros-en-el-mundo, en un juego de transformación de este y de condicionamiento por este.

  1. La tecnología como un modo de Hacer-su-mundo.

Ha sido el desarrollo de la técnica que ha acompañado el formidable progreso de las Ciencias positivas lo que ha cuestionado su validez. Ese desarrollo, por una parte ha mejorado la condición humana en el mundo, le ha hecho más seguro y confortable. Pero la técnica de suyo no tiene límites y, mientras sus primeros progresos producían un paralelo mejoramiento de las condiciones humanas, enseguida se hizo patente que progreso tecnológico y mejoramiento de las condiciones humanas no se identifican: la ruptura de los ámbitos naturales, el peligro del agotamiento de los recursos, las diversas contaminaciones químicas, radiológicas, nucleares, etc., constituyen como una queja de la naturaleza ante una agresión.
El hombre se siente urgido angustiosamente a dominar su propio dominio; ha comprobado que el alcance de este dominio ha de tener una regulación ética, medida por la dignidad de la persona y la verdad de las cosas. La racionalidad sin límites es ambigua: capaz de lo bueno y de lo malo, de humanizar al hombre y de violar agresivamente su dignidad.

  1. El trabajo como Hacer-en-el-mundo.

Toda obra creada por un trabajo si bien es un fin en sí misma, no puede comprenderse sino a partir de un fin superior que le dé su sentido. Y este fin superior es el bien del hombre. Para comprender el trabajo, es necesario comprender el hombre. Y la pregunta sobre el sentido de la técnica se termina finalmente en una pregunta fundamental: ¿qué es el hombre?
El trabajo como la técnica son realidades humanas. Los objetos que la crea entran en el mundo subjetivo del hombre por la inserción en un mundo de valores y de significaciones. Al mismo tiempo, la creación de mediaciones físicas instaura un modo de existencia original para el hombre.
El hombre se realiza como hombre en la intercomunicación subjetiva y en la afirmación de su transcendencia sobre la materia. Ambos fenómenos se encuentran mediatizados por la técnica. La técnica transforma la acción del hombre sobre el mundo y al mismo tiempo transforma la sociedad, y el trabajo. Gracias a la técnica el trabajo se expresa en términos de profesión.
El hombre no es un ser natural sino un ser comprometido en una historia. La libertad humana es una libertad situada. El hombre se realiza en la serie continua de decisiones que debe tomar ante la continuidad de situaciones concretas en las que se encuentra comprometido. Si la persona se crea a través de sus situaciones, esta creación no es el fruto de un determinismo, sino el resultado de la confrontación del hombre con su condición de ser-en-el-mundo. La persona al afirmarse como persona se crea un estilo de vida fundamentado en una visión de la existencia. Y todas sus actividades las juzga a partir de dicha visión del mundo. El trabajo no puede ser para el hombre un valor sino al insertarse como un elemento dinámico de esta visión del mundo.

Conclusión:

  1. Las instituciones educativas deben incluir la cultura de su entorno social y la cultura de cada alumno de donde proviene.
  • La escuela debe educar en una identidad y la integración nacional, basada en el respeto a la diversidad cultural y a las particularidades locales; y abierta a los valores universales.
  • La educación debe brindar oportunidades equitativas a todos los niños para el aprendizaje de saberes significativos y la capacidad de aplicarlos en situaciones de la vida cotidiana.
  • La escuela debe promover los conocimientos y los valores que permitan el desarrollo de actitudes de protección y cuidado del patrimonio cultural y el medio ambiente.
  • Se debe proveer la educación ambiental con la finalidad de promover valores, comportamientos y actitudes.
  • La escuela debe mantener vínculos regulares y sistemáticos con el medio local, como las acciones de aprendizaje-servicio, y promover la creación de redes que fortalezcan la cohesión comunitaria e intervengan frente a la diversidad de situaciones que presenten los alumnos y sus familias.
  • Promover experiencias educativas fuera del ámbito escolar.
  • El Sistema educativo debe brindar aprendizajes comunes de buena calidad, independientemente de su origen social, radicación geográfica, género o identidad cultural.
  • La educación con contenidos curriculares acordes a sus realidades sociales, culturales y productivas.
  • Aprendizajes comunes de buena calidad, independientemente de su origen social, radicación geográfica, género o identidad cultural. 
  1. Las instituciones educativas deben incluir la tecnología especialmente aquellas que los alumnos utilizan de manera predeterminada.
  • La educación debe incorporar los nuevos lenguajes producidos por las tecnologías de la información y la comunicación.
  • Generar las condiciones pedagógicas para el manejo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, así como para la producción y recepción crítica.
  • Utilización inteligente y crítica de los nuevos lenguajes de las tecnologías de la información y la comunicación.
  • Vincular con el mundo del trabajo, la producción, la ciencia y la tecnología.
  1. Las instituciones educativas deben educar considerando su futuro laboral y estudios superiores profesionales.
  • Una educación integral para el desempeño social y laboral, como para el acceso a estudios superiores.
  • Desarrollar procesos de orientación vocacional a fin de permitir una adecuada elección profesional y ocupacional.
  • La vinculación de las escuelas secundarias con el mundo de la producción y el trabajo.
  • Debe tener en cuenta la cultura del trabajo y del esfuerzo individual y cooperativo.

II. Pedagogía de la cultural y de la tecnológica: Pedagogía de la interculturalidad y multiculturalidad, pedagogía del trabajo y del desarrollo sustentable y una pedagogía de la expresión y la creatividad.[2]

  1. La Dimensión Cultural.

Entendemos la cultura al conjunto de formas y modos adquiridos de concebir el mundo, de pensar, de hablar, de expresarse, percibir, comportarse, organizarse socialmente, comunicarse. La cultura tiene que ver con la tecnología, es decir, con las creaciones materiales de un pueblo para garantizar su supervivencia y desarrollo; con las relaciones sociales o formas de organizar la familia, la comunidad, la política, el poder; y la cultura simbólica que se expresa a través de la lengua, las creencias, religión, creaciones artísticas, entre otras.
Todos pertenecemos a algún grupo cultural que marca lo que somos y hacemos, lo que pensamos y creemos. Todos tenemos cultura, en consecuencia, no hay personas incultas; todos somos parte de una determinada civilización, por ello, no hay “incivilizados”.
La formación de la dimensión cultural debe desarrollar las competencias que posibiliten a los educandos conocer, aceptar y valorar sus raíces, su mundo cultural, sus orígenes, su historia, su familia, su comunidad, su región, su país. Competencias para rescatar la memoria colectiva como elemento de unificación y cohesión del grupo. Competencias para valorar y apreciar las culturas diferentes. Competencias para emprender un verdadero diálogo cultural que permita aprender del otro diferente, desde la aceptación de la diversidad.
Los educadores deben entender que cada educando tiene un saber, una forma de expresarse y comunicarse, unos valores, unas costumbres y tradiciones que deben ser valorados y reconocidos. Para ello, deben esforzarse por conocer y comprender el mundo de sus educandos para así poderles ayudar mejor. El currículo se convierte en punto de encuentro entre el programa (general), y la programación, hecha a la medida de los educandos, adaptada a sus realidades. Currículo flexible para la interculturalidad e incluso multiculturalidad, pues asume a educandos de etnias, culturas y razas distintas.
Sólo si los educandos se sienten aceptados y acompañados en su crecimiento y realización personal; si perciben que los educadores parten de sus experiencias y conocimientos y guían la labor educativa en consonancia con la familia y la comunidad, valorando su cultura, su lenguaje, sus lógicas, saberes y percepciones; si experimentan que se les acompaña en su crecimiento y realización personal; podrán echar raíces hacia adentro y fortalecer su identidad.
La pedagogía de la interculturalidad y multiculturalidad implica el reconocimiento, respeto y valoración de la diversidad, la que asume como posibilidad de enriquecimiento. Establece relaciones comunicativas horizontales entre culturas. El punto de partida es reconocer el carácter de la heterogeneidad como un valor y no como un defecto. Ello va a permitir, en primer lugar, desarrollar la tolerancia que llevará a aceptar que las personas actúen según sus propias lógicas, motivaciones y costumbres, y no según nuestras expectativas, para finalmente ponerse en disposición de aprender a incorporar en uno mismo lo valioso que se descubre en el otro.
El encuentro de culturas es un encuentro de saberes y prácticas que se realiza a través del diálogo cultural que posibilita la comprensión y el encuentro de las diversas lógicas, percepciones y visiones. La interculturalidad y la multiculturalidad exigen procesos de negociación cultural en la medida en que producen modificaciones en las propias formas de ser y de sentir, por la voluntad de integrarse en una realidad que unifica sin suprimir por ello las diferencias. Para ello, hay que estar dispuesto a ceder y renunciar, a incorporar y cambiar, a dialogar buscando consensos; movidos no sólo por un buen deseo, sino por el convencimiento de la riqueza enriquecedora del otro.
La pedagogía de la interculturalidad y multiculturalidad se presenta como una modalidad estratégica que busca comprender y tender puentes entre diferentes y favorece la formación en valores de alto contenido democrático, como el respeto mutuo, la tolerancia, la justicia, la paz. Se trata de  recorrer el camino de la unidad en la diversidad, significa recorrer el camino de la identidad nacional.

  1. La Dimensión Productiva y Tecnológica.

La formación de la dimensión productiva debe desarrollar las competencias del saber hacer, para encontrar soluciones a situaciones problemáticas, para comprender distintos sistemas organizacionales, saberse adaptar a los cambios y aprender permanentemente de lo que se hace. Competencias para darle un uso productivo a los recursos, al tiempo, al espacio, a los talentos y habilidades. Competencias para trabajar en equipo, para entender y disfrutar la ciencia y la tecnología. Competencias que le permitan a la persona las oportunidades de tener una vida digna con la práctica laboral de una actividad productiva, aprovechando lo que el medio donde vive le ofrece, con conciencia ecológica.
Debemos desarrollar al máximo la capacidad creadora para producir soluciones que contribuyan a generar empleos y a impulsar procesos de desarrollo humano, equitativo y sustentable.
Esto debe llevarnos a asumir más creativamente la necesaria integración entre teoría y práctica, capacitación y formación, saber y saber hacer, formación para la empleabilidad y el aprendizaje permanente más que para el empleo, unión entre el mundo educativo y el mundo productivo. Se trata de promover una cultura que asume el trabajo como valor esencial, como medio fundamental para lograrla realización y crear los bienes y servicios necesarios para posibilitar a todos una vida digna y un desarrollo sustentable.
Para promover esta dimensión productiva de la persona requerimos de una pedagogía del trabajo y del desarrollo sustentable, que vincule la propuesta educativa humanista e integral a los desafíos tecnológicos y a las demandas del mundo del trabajo y de las culturas de la sociedad global, sin por ello, rechazar las tecnologías tradicionales.
Se aprende haciendo, resolviendo, construyendo, no escuchando y repitiendo. En las escuelas se debe trabajar cooperativamente y se aprende a valorar el trabajo, a cuidar las cosas, cuidar la naturaleza, cuidarse y cuidar a los demás. Es a través del trabajo digno, responsable y eficiente, como puede ser posible que la persona encuentre una base de sustentabilidad para un desarrollo integral y pleno. Los avances tecnológicos exigen cada vez más de gente cualificada profesionalmente para los diversos sectores productivos.
Se hace necesario y urgente ofrecer a los educandos una educación que se corresponda con la realidad de los avances científicos y tecnológicos, de modo que puedan contar con las competencias y con las herramientas necesarias para participar en la transformación de la sociedad y promover procesos de desarrollo sustentable. Se requiere de una pedagogía que propicie la productividad, que promueva propuestas solidarias de vinculación entre la escuela y la comunidad y la metodología de proyectos a partir de situaciones problemáticas. Una pedagogía que estimule el esfuerzo intelectual y manual, habilidades de planificación, capacidad de autonomía y responsabilidad en el desempeño delas tareas. Pedagogía que prefigure y concrete formas alternativas y cooperativas de producción de alimentos mediante la agricultura ecológica, el desarrollo productivo de la artesanía y de tecnologías alternativas, la fabricación y reparación de aparatos y objetos necesarios, y la creación de patrones de consumo que no agredan a la naturaleza.

  1. La Dimensión Estética y Artística.

Se trata de la formación delas competencias necesarias para percibir, disfrutar y producir lo bello, lo original, que nace del libre juego de la sensibilidad, imaginación, fantasía e intuición.
Competencias para explorar y desarrollar las posibilidades de expresión creativa de cada persona, sentir la necesidad de ejercitar uno o más canales expresivos (literarios, musicales, teatrales, plásticos, gráficos…), que impliquen al individuo en la composición y ejecución y no meramente en la observación.
Para la formación de la dimensión estética se requiere de una pedagogía de la expresión y la creatividad, que descubra y cultive los talentos de cada persona. El educador debe estar convencido de que cada educando es portador de valores y talentos que él debe ayudar a conocer y desarrollar. También debe cultivar el disfrute del sentido estético, la capacidad crítica de los medios de comunicación y el sentido de observación y admiración ante los hechos de la vida, de la naturaleza, y del poder creador de los seres humanos.
La pedagogía de la expresión le devuelve la palabra al educando, desarrolla la oralidad y la escucha, cultiva el buen decir, la oratoria, las habilidades comunicativas orales, gestuales, corporales, mímicas, escritas de cada uno. Una pedagogía de la expresión promueve por todos los medios y en todos los momentos y espacios educativos, la comunicación entre educador y educandos, y de los educandos entre sí.
La pedagogía de la creatividad fomenta la imaginación y la fantasía, cultiva la literatura, la música, la pintura, las artes y artesanías, el contacto con la naturaleza; convirtiendo los espacios educativos en lugares de creación y de exposición de las creaciones. Se promueven los grupos de música, teatro, títeres, danza, artesanos, pintores, periódico, creación literaria, ecológicos. Se aprende a defender y cuidar el ambiente y a combatir toda forma de abuso, saqueo, destrucción, contaminación. Las escuelas se abren al ambiente social y cultural, a la ciudad y el campo, a los que consideran como un gran libro de lectura. Todo el espacio físico y los alrededores del centro se convierten en un gran taller, un museo, un enorme mural.
Un educador creativo capitaliza la curiosidad propia del educando, partiendo de sus habilidades, su cultura y del mundo que le rodea. Estimula su imaginación y permite que vaya evolucionando según sus propios intereses. Nunca rechaza ni caricaturiza las creaciones de sus educandos, pero los va guiando con paciencia para que no se conformen con la primera versión, en busca siempre de una mayor calidad. Pero además, un educador creativo utiliza todas las oportunidades que se le presentan, en las distintas áreas del currículo, para desarrollarla creatividad y cultivar el sentimiento de lo cultural. 

III. Didáctica de una inclusión cultural y tecnológica.

Esta inclusión para nosotros consideramos la siguiente teoría.

Y tecnologías educativas actuales como:

Para una inclusión tecnológica no solo hay que integrar herramientas Tics en la enseñanza sino que para que sea una inclusión se debe cambiar el modo de dar clases con las Tics. No es utilizar el procesador de texto, la planilla de cálculo o buscar datos en la Web para realizar una tarea, esto es solo integrar . ¿Cómo usar las TICs frente a los desafíos de una educación inclusiva y de calidad?. Hay herramientas que nos sirve para una mejor inclusión, (ver TIC, TAC, TEP. Tecnologías para aprender y para toda la vida) como las siguientes.

Podemos ver también:

#ICE_Elaboraciones #ICE_InclusiónCultural #InclusiónTecnológica

[1] Gastaldi, Ítalo, El hombre Un misterio, Ed. Don Bosco.

[2] Colección programa internacional de formación de educadores populares, La educación popular y su pedagogía – Federación internacional Fe y Alegría.

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Acerca de Lic AUS Jorge Luis Prioretti

Licenciado en Organizaciones sociales y culturales - USAL. Analista universitario en sistemas - UTN. Profesor Sup. Filosofía y Cs. Educación.
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