Inclusión Histórica y Vocacional: fundamentos, pedagogía y técnicas de enseñanza.


En nuestra teoría de inclusión multidimensional e integral presentamos una síntesis sobre la inclusión que considera a la persona como ser en el tiempo. Y en este vivir en el tiempo el hombre en comunión posee una historia y es capaz de realización.

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I. El educando posee una historia y es capaz de realización[1].

Otro aspecto importante a considerar es que somos seres históricos y capaces de realización. La persona no es algo ya hecho, como algo dado sino una posibilidad de realización. Y esto se debe a su historicidad. Estas características son importantes para la educación. Si no tenemos una capacidad de realización a través del tiempo no podemos educarnos.
La historicidad del educando no es solo tener en cuenta su historia pasada sino, también, su proyección futura: su vocación.
No podemos educar sino conocemos al educando, su vida: debilidades (problemas, sufrimientos y angustias) y fortalezas (talentos, habilidades y aptitudes). Debemos sanear las primeras y fortalecer las segundas.

  1. El hombre es un ser en marcha.

Cuando caminamos lo hacemos hacia una determinada meta y vivenciamos el tiempo que nos lleva y la geografía del lugar por donde vamos.
El hombre, por su cuerpo se inserta en el mundo y queda de hecho aprisionado en las dos realidades: el espacio y el tiempo. A través de esto tenemos conciencia de estar sumergido en un proceso de cambio.
El hombre es un “ser en devenir”: está en marcha. Y como caminamos nos convertimos en peregrinos. Esto es esencial en nuestro existir. Ser-en-el-tiempo quiere decir intrínsecamente temporal, desplegándonos entre un “antes” y un “después”.
Este antes y este después no se mide como el reloj, depende de cómo lo vivamos: inquietudes, objetivos, anhelos, nuestros proyectos de vida, nuestro sentido de la vida.
Esta realidad nos hace personas en continua situación de decidir, de autodeterminarnos. Somos seres-en-constante-decisión. Aún aunque no queramos hacerlo lo estamos haciendo ya que esta es nuestra situación existencial.
Recuerdo una película “Efecto mariposa en la cual el protagonista al tomar una decisión determinaba su vida, lo conducía por un camino. Ante el equívoco de su decisión podía regresar al pasado y tomar otra la decisión que lo bifurcaba por otro camino que resultaba mejor o quizás peor. Si uno reflexiona cuando fue a tal fiesta donde conoció a su esposo, que determino a su vez el lugar donde ahora uno vive, el trabajo que posee por las relaciones nuevas que originó esa relación… pero que pasa si ese día no pude ir a esa fiesta… donde estaría ahora, donde viviría, con quien estaría casado, cuáles serían mis hijos.
Yo ahora soy lo que soy por mis decisiones ante las circunstancias, pero podría ser de mil maneras diferentes, pero en el fondo sería YO mismo. Ortega y Gasset decía “Yo soy yo y mis circunstancias”[2]
El presente es fruto del pretérito y anticipación del futuro. Las opciones tomadas configuran el presente, y el futuro también actúa en él. El hombre es ahora “por algo” (por lo que ha sido) y “para algo” (para lo que será)[3].
Yo soy mi pasado. Qué pasaría si pierdo mi memoria perdería simultáneamente mi identidad porque desgraciadamente yo ‘soy’ mi pasado. Quien tiene que presentarse a una oposición, tiene que entregar un ‘curriculum’ completo y sin lagunas de su vida, y al exponer su pasado se está desnudando a sí mismo”[4].
El hombre está siempre motivado desde el pasado que se hace presente mediante el recuerdo y proyectado hacia un futuro cargado de esperanzas. Sin el hombre habría “movimientos”, pero no “tiempo” propiamente dicho, porque faltaría el espíritu que lo hace presente recordando el pasado y esperando el futuro.

  1. El hombre, “ser-histórico”.

El animal también es un ser-en-el-tiempo, pero no histórico. El ser humano no sólo vive en el tiempo, sino que es histórico. Porque el hombre tiene la capacidad de decisión: puede ir articulando sus opciones libres a través del tiempo. Por eso tiene historia, personal y comunitaria. Sólo el hombre es un ser-histórico, porque es libre. Puede modificar su vida corpórea y espiritual, construyendo así su propia existencia. El hombre puede anticipar su futuro, se puede proyectar en la planificación.
“El hombre no tiene una naturaleza ya hecha que basta desarrollar, sino que debe crear su propia naturaleza en forma de cultura”[5].
Pero como el hombre es esencialmente comunitario la historia la construye con otros. Parte de mi historia es parte de la tuya, la hicimos y la vivimos juntos. Mi historia es un collage de partes de historias compartidas que también son de otros.
Nuestra historia es una historia-con-otro, a no ser que viva solo en una isla como en los programas de supervivencia. La historia-con-otro forja la cultura de un pueblo y nos vincula con el tú del pasado que me enriquece.

La enseñanza se basa en la historia-con-otro a través de nuestros próceres, de personajes ejemplares pero también de aquellos que nos han dejado sus investigaciones y descubrimientos para que los aprendamos. Esto no se bebe solamente en Historia sino en toda ciencia donde alguien dejo su legado a través de su historia.

Decir que el hombre es un ser histórico equivale a decir que realiza la propia existencia a partir de un nivel cultural alcanzado por otras generaciones, en tensión esencial hacia un futuro lleno de posibilidades.
Denomina “el círculo hermenéutico social” cuando: los hombres, como individuos y como colectividad, recibimos tradiciones que, al asimilarlas, las vamos interpretando para luego trasmitirlas a otros los cuales, a su vez las hacen propias después de haberlas modificado a través de una relectura vital. De este modo tenemos con nuestro tiempo relaciones de filiación y de paternidad.

Esto es clave en la escuela, se trasmite un contenido heredado, el joven lo interpreta, lo asimila, lo adapta a su realidad personal para proyectarlo en su futuro próximo: personal, laboral o profesional.

II. Capacidad de realización.

  1. Realización.

Por ser el hombre un ser histórico, determinado por su pasado, libre de decisión presente puede construir su futuro, abriéndose la posibilidad de autorrealización.
El hombre nace persona de modo incipiente, en cierto sentido y “llamado a ser” lleno de posibilidades.

Dijimos que cada hombre es único y se va haciendo más único por su capacidad de realización. Nos vivimos como seres inconclusas en camino hacia una plenitud.
El hombre posee su naturaleza, pero abierta continuamente a la realización cada vez más plena. Cuando nace posee naturaleza humana, por cierto, pero más que naturaleza, por así decir, posee historia. Su naturaleza es como “el diario íntimo”, pero vacío que debe llenar sus hojas cada día. Se presenta como una tarea, una llamada, una vocación.
Pero sucede a veces que mis opciones no son las mejores y en vez de realización personal caigo en el pozo de la destrucción: adicciones, drogas, delitos, etc. “Solamente mediante el repetido consentimiento a ciertas necesidades y la no satisfacción de alguna otra, se desarrolla el dinamismo hacia direcciones privilegiadas”[6].
Como dijimos un buen entendimiento de las cosas y la adhesión de la voluntad al bien que nos proporciona las diversas cosas y circunstancias que se nos presenta en nuestra historia, ese bien de las mismas que se convierten en valor porqué se identifican con mi realización.
Pero ¿basta elegir cualquier valor para lograr la realización? Porque de hecho el hombre puede elegir como “forma de vida” el vivir a merced de sus impulsos, o ir en busca del provecho, del placer, del éxito, del poder, las adicciones, etc. O tender hacia valores como: el amor, el arte, una ideología, entre otras.

Conclusión.

Este es un concepto fundamental en una educación inclusiva, se educa en los valores para la autorrealización de la persona que se forja a través de su historia. Cuando se incluye a un educando con alguna discapacidad u otra limitación se hace para lograr esa plenitud en la cual cada uno puede llegar a su manera y algunos con más o menos tiempo (ser-en-el-tiempo), MI TIEMPO.
Cada alumno viene con un pasado que hay que asumir, que debe APRENDER a asumir, guiándolo en las decisiones presentes para una mejor proyección de realización en el futuro.
No se aprende solamente contenidos conceptuales y procedimentales, sino que también se aprende a aceptar su pasado, se aprende de las posibilidades que le da la escuela en comunión con otros para proyectarse en el futuro. La escuela corrige defectos de una historia personal pasada al orientar el presente del joven y lo acompaña para que sepa caminar por sí mismo en futuro de su vida.

La educación inclusiva respeta el tiempo de cada uno de los educandos acorde a sus posibilidades.

  • Esto lleva a la flexibilidad de los tiempos de enseñanza, del dinamismo de las clases.
  • Exige una mayor personalización de la enseñanza.
  • De aporte de docentes capacitados en inteligencia múltiple, en problemas de aprendizaje, etc.
  • De establecer un gabinete psicopedagógico en las escuelas.
  • Si esto no se puede sostener dentro del año lectivo se considera una adecuación curricular.

La educación inclusiva educa en valores, aquellos que hacen a la su propia realización personal como los que afianzan la relación comunitaria.

  • La educación incluye los contenidos adquiridos, de sus valores y riquezas personales como trampolín para adquirir los nuevos contenidos orientados a su realización personal.
  • Entre los conocimientos básicos con los específicos orientados al futuro laboral y a su vida personal y comunitaria.

La educación inclusiva respeta su historia pasada para construir su presente y forjar su futuro.

  • Entre lo que el educando necesita ahora, considerando su historia, en vista a su futuro.
  • La escuela educa las consecuencias de su pasado, utiliza las riquezas adquiridas anteriormente. Lo bueno y lo malo lo toma, lo malo para corregirlo y lo bueno para incrementarlo.
  • La escuela educa partiendo de sus conocimientos actuales, de sus motivaciones y actitudes presentes.
  • La escuela educa mirando el futuro del educando, lo que pretende como persona y ciudadano. Cada docente planifica con determinados objetivos a alcanzar, con determinadas expectativas de logro.

III. Pedagogía histórica y vocacional: Pedagogía de la autorrealización y pedagogía de la identidad y de la esperanza.

  1. La Dimensión de vocacional y autorrealización.

Somos seres históricos y no solo seres en el tiempo. Somos seres históricos y capaces de realización. Esta característica es importante para la educación. Si no tenemos una capacidad de realización a través del tiempo no podemos educarnos.
La historicidad del educando no es solo tener en cuenta su historia pasada sino, también, su proyección futura: su vocación.
Para ello el educando debe forjar competencia de autoaceptación y de la autorrealización. No podemos educar sino conocemos al educando, su vida: debilidades (problemas, sufrimientos y angustias) y fortalezas (talentos, habilidades y aptitudes). Debemos sanear las primeras y fortalecer las segundas. El educando debe analizar su histórica y encontrarle sentido. La historia de vida ayuda a tal fin.
Esta realidad nos hace personas en continua situación de decidir, de autodeterminarnos. Somos seres-en-constante-decisión. Aún aunque no queramos hacerlo lo estamos haciendo ya que esta es nuestra situación existencial.
El presente es fruto del pretérito y anticipación del futuro. El hombre es ahora “por algo” (por lo que ha sido) y “para algo” (para lo que será) (Cf. RUIZ DE LA PEÑA J.L., “La otra dimensión”, Santander, 1986, 3a. ed., pp. 18-23.).
El ser humano no sólo vive en el tiempo, sino que es histórico. Porque el hombre tiene la capacidad de decisión: puede ir articulando sus opciones libres a través del tiempo. Por eso tiene historia, personal y comunitaria. Sólo el hombre es un ser-histórico, porque es libre. Puede modificar su vida corpórea y espiritual, construyendo así su propia existencia. El hombre puede anticipar su futuro, se puede proyectar en la planificación.
“El hombre no tiene una naturaleza ya hecha que basta desarrollar, sino que debe crear su propia naturaleza en forma de cultura” (EID V., “El concepto de autonomía y su importancia ético-social”, en rev. Concilium, nº 192, 1984, p. 207).
Nuestra historia es una historia-con-otro, la historia-con-otro forja la cultura de un pueblo y nos vincula con el tú del pasado que me enriquece.
La enseñanza se basa en la historia-con-otro a través de nuestros próceres, de personajes ejemplares pero también de aquellos que nos han dejado sus investigaciones y descubrimientos para que los aprendamos. Esto no se bebe solamente en Historia sino en toda ciencia donde alguien dejo su legado a través de su historia.
Decir que el hombre es un ser histórico equivale a decir que realiza la propia existencia a partir de un nivel cultural alcanzado por otras generaciones, en tensión esencial hacia un futuro lleno de posibilidades.
Esto es clave en la escuela, se trasmite un contenido heredado, el joven lo interpreta, lo asimila, lo adapta a su realidad personal para proyectarlo en su futuro y lo trasmite a los demás.

  1. La Dimensión Histórica. Pedagogía de la Identidad y de la esperanza.[7]

Los seres humanos somos sujetos históricos, tenemos la capacidad de hacernos, construirnos y de hacer y rehacer permanentemente la sociedad. Vivir es hacerse, construirse, soñarse, inventarse, llegar a desarrollar todas las potencialidades. En la actualidad, el conformismo, el gregarismo y la imitación se imponen a través de la publicidad, el consumo y los medios de comunicación. Se hace lo que hace la mayoría, lo que nos indica que hay que hacer. No hay metas, objetivos, sueños, ideales, proyecto. Por eso, es objetivo de la educación es orientar al educando a una vocación de los seres humanos como constructores y transformadores del mundo.
La tarea esencial de la educación es recuperar su misión humanizadora, orientada a formar sujetos autónomos y ciudadanos de la nueva sociedad. Se trata, en consecuencia, de la creación continua de una nueva manera de ser persona.
El ser humano se humaniza humanizando el mundo. La formación de la dimensión histórica supone garantizar las competencias esenciales para que los educandos sean capaces de leer críticamente las historias oficiales organizadas en torno a héroes y batallas que ocultan la vida, los esfuerzos y el hacer histórico del pueblo. Competencias para que se asuman como sujetos históricos, conscientes de su propia singularidad y de su propio estar en el mundo, pertenecientes a una familia y un pueblo determinado que deben valorar. Competencias para que sean capaces de recuperar la memoria histórica y se asuman como constructores de una historia siempre inacabada y se comprometan con entusiasmo y esperanza en la gestación de una sociedad igualitaria y participativa.
El desarrollo de la dimensión histórica implica una pedagogía de la identidad y de la esperanza. Pedagogía que, en palabras de Mounier, despierte el ser humano que todos llevamos dentro, nos ayude a construir la personalidad y encauzar nuestra vocación en el mundo. Se trata de provocar la libertad de pensamiento y de expresión, y la crítica sincera, constructiva y honesta. Esto implica ayudar a cada educando a conocerse, valorarse y emprender el camino de su propia realización, lo que postula tiempos y espacios para el silencio, la reflexión y el cuestionamiento personal. Implica también conocerse y valorarse como parte de un pueblo, de un país, del que hay que recuperar la memoria histórica que posibilite una mejor comprensión del presente para la invención del futuro. La historia deja de ser un mero recuento de héroes y batallas, para pasar a ser la historia de un pueblo que camina en busca de su propia identidad.
Esta perspectiva histórica que busca la propia identidad, no puede dejar de lado la perspectiva cultural, como sistema de significación y comprensión de la misma. Al decir “pedagogía de la identidad”, estamos indudablemente aceptando que existe una pedagogía de las formas culturales en donde se forja la identidad. Si el concepto “cultura” nos permite equiparar la educación a otras actividades culturales, el concepto “pedagogía” permite que se realice la operación a la inversa, es decir, las otras actividades culturales son también pedagógicas. Por lo tanto, lo cultural se vuelve pedagógico y la pedagogía se vuelve cultural.

III. Didáctica de una inclusión histórica y vocacional.

Esta inclusión para nosotros consideramos la siguiente teoría.

  • El enfoque constructivista de Piaget. Ya que los cambios en nuestro conocimiento, esos saltos cualitativos que nos llevan a interiorizar nuevos conocimientos a partir de nuestra experiencia, es decir, de nuestra historia y se explican por unarecombinación que actúa sobre los esquemas mentales que tenemos de ya aprendido.

Ver también:

Y técnicas educativas actuales como:

Ver también:

Testimonio de vida

Imagen: goconqr.com

#ICE_Elaboraciones #ICE_InclusiónHistóricaVocacional

[1] Gastaldi, Ítalo, El hombre Un misterio, Ed. Don Bosco,

[2] ORTEGA Y GASSET J., “Meditaciones del Quijote”, Madrid, 1975, p. 30

[3] Cf. RUIZ DE LA PEÑA J.L., “La otra dimensión”, Santander, 1986, 3a. edic, pp. 18-23.

[4] THIELICKE H., “La esencia del hombre”, Barcelona, 1985, p. 57.

[5] EID V., “El concepto de autonomía y su importancia ético-social”, en rev. Concilium, n8 192, 1984, p. 207.

[6] ALLPORT G., “Personality”, New York, 1937, p. 185.

[7] Colección programa internacional de formación de educadores populares, La educación popular y su pedagogía – Federación internacional Fe y Alegría

Acerca de Lic AUS Jorge Luis Prioretti

Licenciado en Organizaciones sociales y culturales - USAL. Analista universitario en sistemas - UTN. Profesor Sup. Filosofía y Cs. Educación.
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