¿Cómo educar para la socialización y la inclusión? La autoestima.


  1. No hay educación sin valores. [2]

El objetivo primordial de la escuela son los valores y aquellos que afectan a la persona toda: “Ser un buena persona” (ver Una mala persona no llega nunca a ser buen profesional, frase de Howard Gardner, neurocientífico; autor de la teoría de las inteligencias múltiples). El educando que quiere realizarse tiene que optar libremente por los valores, asumirlos y encarnarlos en su obrar para su realización plena como persona y una convivencia con el otro, que es tú.

El gran objetivo de la educación es quizás que el educando aprenda a ser siempre él mismo mediante el esfuerzo incesante de las opciones libres orientado por los valores para ser una persona plena, ciudadano comprometido, profesional responsable y persona que sabe integrarse y comunicarse a los demás.

Los valores son capaces de sacar al educando de su indiferencia y provocar en él una actitud de estimación: vitales, intelectuales, afectivas, estéticas, relacionales, entre otras.

2. Qué es la autoestima.

La autoestima es algo fundamental para nuestro desarrollo personal. Autoestima es la valoración que cada persona hace de sí misma. Es saber que somos valiosos por muchas cualidades, habilidades y valores que poseemos y, por tanto, que somos capaces en muchas cosas, y no sólo saberlo sino creérnoslo, actuar conforme a eso y respetarnos a nosotros mismos. Toda persona es capaz de algo y para eso fue hecha, existe y es lo que da sentido a nuestra vida. De esta manera, aprendemos a hacerlo con los demás. El grado en el que las personas tengan sentimientos positivos o negativos sobre sí mismos y sobre su propio valor será determinante a la hora de sentirnos a gusto con nosotros mismos y con los demás. Y el valor que cada persona se otorgue a sí misma va a ser de vital importancia tanto para el propio bienestar personal como para las relaciones interpersonales.

  1. Cómo se forma la autoestima.

Mi autovaloración está influenciada por mis vivencias, por mi historia personal, pero sobre todo por la valoración que tanto yo como las personas, que han sido y son, importantes en mi vida hacen de mí.

La persona no nace con un concepto de lo que ella es, sino que éste se va formando y desarrollando progresivamente en la medida en que se relaciona con el ambiente, mediante la internacionalización de las experiencias físicas, psicológicas y sociales que la persona obtiene durante su desarrollo. Es decir, la autoestima es algo que se aprende y, por tanto, es susceptible de cambio y mejora a lo largo de toda la vida.

  1. La influencia de los otros en la formación de la autoestima.

La autoestima se construye constantemente y a lo largo de toda la vida. Tanto los actos como las características personales son calificadas permanentemente por los demás en forma tanto constructiva como descalificadora. Así, los demás se convierten en componentes del proceso de construcción de la autoestima haciendo las veces de evaluadores externos a la persona.

Estos favorecerán o podrán dificultades para la evaluación que hace la persona de sí misma, animando o desanimando, alentando a mantener, a transformar o incluso a eliminar aquellos aspectos que han sido criticados, aportando información de si se es valioso, si vale o no la pena hacer lo que se hace o si uno es capaz de hacer bien las cosas.

Por eso, es necesario que cada cual logre con el tiempo una seguridad básica mediante el desarrollo de un autoconcepto adecuado y suficiente como para poder seleccionar dentro de todas las críticas, positivas o negativas, las que crea y considere como asertivas y útiles y poder llegar entonces, a discriminar entre aquellos que le aportan verdaderamente en forma positiva y aquellos que no.

5. Cómo educar para construir una autoestima positiva.

  • Proceso externo de construcción de la autoestima:

El proceso externo está dado fundamentalmente por la influencia que los demás tienen sobre el aspecto emocional de una persona.

Como educadores, cuando sea necesario que el educando mejore aspectos de su conducta, será más adecuado que el planteamiento del problema se exprese de manera clara y precisa, haciendo respetar normas y límites, pero considerando evitar algunos aspectos que claramente afectan la autoestima.

Como ya se ha dicho, la crítica es uno de ellos. Otros son las reglas y los deberes inflexibles, así como el perfeccionismo. Estos también inciden negativamente en la autoestima, porque no dan libertad y hacen que nos sintamos agobiados y con la sensación de no haber logrado nunca las metas.

Es adecuado realizar los planteamientos y observaciones sin generalizar el problema hacia aspectos de la personalidad. Debemos centrarnos en la conducta, no en la persona. Muchas veces podemos decir a nuestros estudiantes:

  • ¡Qué desordenado/a eres!
  • ¡Eres muy arisco/a!

En estos ejemplos vemos como se está afirmando algo sobre nuestro “ser”, alguna característica propia que parece ser inamovible. En cambio, si decimos:

  • ¡Qué desorden hay en tu habitación!
  • A veces no muestras tus sentimientos

No identificamos sus actos con la persona. Una cosa son actos malos y otra es la persona mala.

Otro factor muy negativo para la autoestima, es el hecho de repetir reiteradamente las características negativas de la persona.

  • Proceso interno de construcción de la autoestima.

La persona también realiza una construcción interna según sus propias experiencias. Esta construcción va a ser positiva o negativa según lo sean esas experiencias y el criterio de evaluación que se haga de ellas, es decir, va a estar en estrecha relación con decirse a sí mismo: “yo pude”, “lo hice bien”, entre otras.

Una buena autoestima es el motor que desencadenará asertividad en las funciones afectivas y sociales que va a permitir que se obtenga como resultado agrado, satisfacción, gusto y amor por lo propio. A su vez, estas últimas sensaciones generarán una retroalimentación que recaerá nuevamente sobre la construcción de la autoestima positiva que se ha generado, aumentando de esta manera su potencial también positivo. Incluso y gracias a esto, podrá ser el mismo individuo quien mejore luego sus resultados como desafío propio y para una mayor satisfacción personal.

Como educadores debemos enseñar a nuestros educandos de acompañar con palabras positivas que el educando se diga a si mismo como “lo hice bien”, eludiendo frases de negación, es decir, en vez de decir, “no debo volver a hacer tal cosa”, decir “de ahora en adelante debo procurar hacer tal otra”, y evitando también las frases negativas cambiándolas por aseveraciones positivas. Es decir, cambiar una frase como “lo hice todo mal” por otra como “debo mejorar” o “hare lo posible por mejorar”.

Otro aspecto que favorece el desarrollo de una autoestima positiva es facilitar alternativas con objetivos más adecuados al nivel de desempeño y capacidades, para lo cual será necesario conocer a la persona para que de esta manera podamos ayudarlo a conocerse a sí mismo a través del descubrimiento gradual de sus potencialidades, las que serán el motor para la superación y para poder emprender nuevos desafíos.

 Sintetizando, la autoestima positiva es aquella que:

  • La persona que tiene una autoestima positiva, experimenta un sano sentimiento de agrado y satisfacción consigo misma.
  • Se conoce, se acepta y valora con todas sus virtudes, defectos y posibilidades.
  • Siente además que las limitaciones no disminuyen su valor esencial como persona y se descubre cómo alguien “querible” por lo que es en sí, y descubre la importancia de cuidar de sí.
  • Quien posee una autoestima positiva también acepta y valora a los demás tal cual son; puede establecer relaciones de sana dependencia comunicándose en forma clara y directa con los demás.
  • Se ve favorecido con la capacidad y la buena disposición para permitir que los seres queridos sean lo que ellos elijan, sin presionarlos para inducirlos en sus preferencias.
  • Es una persona que tiene el valor de asumir riesgos y enfrentar los fracasos y frustraciones como oportunidades para aprender a crecer y los asume como desafío, separándolos de sí mismo.

6. ¿Qué relación podemos establecer entre la autoestima y la inclusión?

La autoestima, por un lado, aumenta nuestras posibilidades de mantener relaciones interpersonales satisfactorias y conseguir que los demás no nos impida lograr nuestros objetivos de vida. Ya que la misma nos sirve como estrategia de ayuda personal y mutua para las personas afectadas por una inadaptación social, el rechazo social, las injusticias sociales, entre otros.

La autoestima está entrelazada con la inclusión social porque si una persona no se quiere y valora a sí misma será difícil para los demás quererla y valorarla. La autoestima, por tanto, ayuda a tener una mejor inclusión social ya que la confianza que nos proporciona es necesaria para ser más socialmente aceptado, por eso, las personas con autoestima baja suelen ser excluidas socialmente: “Como te vean te tratan, si te ven mal te maltratan, si te ven bien te contratan”.

Por otro lado, la relación es que la autoestima también ayuda en la capacidad de afrontar los problemas sociales analizando las posibilidades que nos permiten el conocimiento sobre nosotros mismos.

Finalmente, la autoestima por aceptar quienes somos, lo que implica la aceptación de la propia limitación. Esta aceptación y la confianza en nosotros mismo – que nos brinda- aumentará el desarrolló de las propias capacidades y habilidades, y fomentará la defensa y promoción de los propios derechos y necesidades ante una sociedad injusta.

Este tema tiene una enorme importancia ya que de la valoración que uno haga de sí mismo dependerá lo que haga en la vida y su participación en ella. Además, condiciona el proceso de desarrollo de las potencialidades humanas y también la inserción de la persona dentro de la sociedad.

Dentro del ámbito social, una autoestima positiva facilita una mejor percepción de la realidad y la comunicación, ayuda a tolerar mejor el estrés, la incertidumbre. vivir los procesos de cambio y la tolerancia hacia la diferencia a los demás.

  1. Recursos para trabajar la autoestima en la escuela.

Mafalda

Bibliografía:

Referencias:

[1] Inclusión ética y sexual, sus dimensiones pedagógicas.

[2] Valores necesarios que debemos enseñar para una inclusión educativa.

[3] JERPHAGNON L, “Qué es la persona humana”, Barcelona, 1969, pp. 126-127.

[4] Cuentos con valores para una inclusión ética.

#ICE_Elaboraciones #ICE_InclusiónEducativa

Rev

Acerca de Lic AUS Jorge Luis Prioretti

Licenciado en Organizaciones sociales y culturales - USAL. Analista universitario en sistemas - UTN. Profesor Sup. Filosofía y Cs. Educación.
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